HABÍA UNA VEZ UN PUEBLITO
HABÍA UNA VEZ UN PUEBLITO
Por Martín Borboa Gómez
Como en muchos lados del mundo
existió una vez un pueblito,
y en ese espacio moribundo
ahí vivía Don Pedrito.
Todos eran analfabetas
ninguno sabía escribir,
pero al despertar de sus siestas
todos querían convivir.
Unos contaban verdades,
otros se las inventaban,
según sus capacidades
todos su vida narraban.
Así vivieron felices
hasta que llegó el profesor,
a todos les dio de narices
con sus conceptos y su rigor.
"Ahora resulta", les dijo,
"que se acabaron los abusos,
primero yo les corrijo",
y todo al revés lo dispuso.
Las sabrosas tardes se fastidiaron
pues el profe todo juzgaba,
solo sus propios relatos pasaron
las reglas que él aplicaba.
El gusto por contar
las crónicas de cada día,
terminó por menguar
ante tan ruin osadía.
¿Quien se cree este fulano
para venir a criticar,
si nuestro gusto es cotidiano
y gozamos de imaginar?
Si desde que el hombre vive
buscando refugio o comida,
es su esperanza de roble
de que mañana será un mejor día.
Y trazando mundos posibles
aderezando su relato aníma,
y convoca a todos gentiles
a acompañar su sueño o deriva.
Soñar, imaginar, prever,
comunicar a los demás con tino,
lanzarse al volcán a ver
que depara nuestro destino.
Verdades, sueños o planes,
cálculos originales de
imaginación,
esbozos, ideas o refranes
cúmulos de poética inspiración.
Todo eso se fue a la orfandad
por las ideas del profesor
castrante,
que a lo más vivo de la humanidad
le impuso una faja tajante.
"¡Puras verdades os exijo!
Nomás porque lo mando yo.
Terminad con ese amasijo
de inventos que no entiendo yo".
Todos se fueron del pueblo
dejaron al tipo en su holgura,
ellos comenzaron de nuevo
y él se quedó en su amargura.
El nuevo pueblo es feliz
de contarse sus propias historias,
y siempre destaca el matiz
de subjetivas oratorias.
El riguroso y estricto mandón
es ahora personaje de leyenda
pero nadie la cuenta, en razón:
no hace falta que nadie lo entienda.
¡Viva la originalidad en pueblo
nuevo!,
¡olvido al triste y amargado juez!,
la humanidad hace crónicas,
celebro,
que son de todo y de nada a la
vez.
Querida amiga concluyo:
que puedes escribir lo que
gustes,
no lo que te limite el yugo
del que te obsequia embustes.
La crónica oral es antigua
y con eso evolucionó la humanidad,
no vaya ser que ahora mengua
y requiere academia y veracidad.
Redacta amiga tus crónicas
y déjame leerlas gozando así,
de la compañía de tus retóricas,
de tus ideas, y tu frenesí.
Y si es o no verdadero,
que no sea tu eje ni condición,
mejor que sea invernadero
de flores de tu creación.
Conocer al otro no es,
solo por sus verdades,
sino también a través,
de sus sueños y variedades.
(Imagen: del autor)