FE Y CAFÉ EN LA PLAZA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL, CDMX
FE Y CAFÉ EN LA PLAZA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL, CDMX
Por Martín Borboa Gómez
El centro histórico de la CDMX es muy antiguo, su territorio pasó de ser propiedad de los tepanecas de Azcapotzalco, a suelo mexica, y luego del conquistador español, para luego ser del México independiente, y quedar como el corazón de su capital.
Por lo que muchas de sus edificaciones reflejan el paso del tiempo desde esas épocas hasta la actual, y con ese valor patrimonial, provoca un profundo interés y significado para cada mexicano.
Y para cada visitante.
Un rincón que a mi me gusta mucho en ese centro histórico de la CDMX, es la Plaza de San Miguel Arcángel.
Tiene una atmósfera muy peculiar, de sabroso antaño, y si se enfoca la mirada en la dirección correcta, hasta se llega a sentir que está uno en una tranquila y señorial provincia, y no en una ajetreada avenida con miles de almas corriendo estresadas.
Si se toma un tiempo para entrar a la antigua parroquia del lugar (dedicada al Jefe de los ejércitos celestiales y vencedor protector de nuestra almas, San Miguel Arcángel), verá elementos admirables, percibirá la fuerte espiritualidad que ahí se expresa, y si se lo permite a sí mismo, entenderá mejor los alcances de la Fe de los fieles. (No se crea que las veladoras son ùnicamente para pedir... hay muchas de agradecimiento por amorosos favores recibidos).
Afuera de la parroquia, también hay maneras de trasladar lo agitado del día, hacía estados más agradables para el espíritu, vía lo corporal y gustativo, por ejemplo con un rico café.
Y justo en la puerta contigua, está una excelente opción, el Café Caffy.
La intensidad y temperatura del capuchino cada vez que voy, me deja bastante satisfecho, descanso en sus mesas, bebo lentamente mi café, veo pasar a los que todavía tienen la prisa, que yo recién abandoné.
Como si sonara la campana para un boxeador que puede ir a su esquina a descansar, sentarse, aflojar el cuerpo, refrescarse, pensar en sus últimas acciones y revisar como va el plan original.
Hay muchos sitios así en la ciudad, y en el centro histórico, que permiten un respiro o un recordatorio, se prestan para hacer una pausa, reflexionar en nuestro proceder, bajarle al estrés, soltar las bolsas, repirar en otro ritmo, recordar lo bendecidos que somos por poder ir de aquí para allá y regresar con bien a nuestras casas, una vez más. Y saber que nuestros seres queridos están bien, viviendo su vida.
En lo individual, una pausa espiritual y corporal, ayuda a controlar la velocidad, las ansias, las tentaciones, (de gula o de compra impulsiva abundan en el centro), que generan andar en horas hábiles por esas antiguas e interesantes calles de nuestro querido centro histórico.
Cada quien elige o encuentra sus rincones, en este corazón palpitante de nuestra gran ciudad.
Yo les comparto uno de los míos, la Plaza de San Miguel Arcángel.
(Imágenes del autor)