MÁRTIRES COREANOS
MÁRTIRES COREANOS
Por Raquel Rodríguez Sandoval
Cada 20 de septiembre la Iglesia celebra a San Andrés Kim,
primer sacerdote católico coreano, martirizado a causa de la fe en 1846.
Signo de contradicción
De pequeño, Andrés fue víctima de la intolerancia. Junto a
sus padres tuvo que trasladarse a Kolbaemasil (provincia de Gyeonggi), en el
intento de huir de la persecución que los grandes señores del país habían
organizado contra los cristianos, nacionales y extranjeros. La sociedad coreana
era en su gran mayoría confucionista, y marcadamente enemiga de todo tipo de
influencia foránea, especialmente la que ejercía la Iglesia Católica.
Heredero de un mártir
El padre de Andrés, San Ignacio Kim, era un converso al
catolicismo que hizo de su familia y su hogar una “pequeña iglesia”. En esta,
otros cristianos pudieron encontrar apoyo y refugio espiritual. San Ignacio Kim
moriría mártir en 1839, víctima del odio contra los católicos.
Andrés recibió el bautismo antes de la muerte de su padre, a los 15 años de edad. Años más tarde, gracias a un grupo de misioneros franceses, sería enviado al seminario de Macao, colonia portuguesa (hoy parte de China) para formarse para el sacerdocio.
En 1845 Andrés se traslada a Shanghai, en China continental,
donde fue ordenado por el obispo Jean Joseph Ferréol, de origen francés,
convirtiéndose en el primer sacerdote originario de Corea.
San Andrés tenía solo 25 años cuando se le aplicó la pena de
muerte. Fue canonizado por el Papa San Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984 junto
a otros 102 mártires de Corea, entre los que también estuvo San Pablo Chong
Hasang (1795-1839). La ceremonia de canonización se llevó a cabo durante la
visita del Papa polaco a Corea del Sur.