¡NO TE RINDAS!
¡NO TE RINDAS!
Por Raquel Rodríguez Sandoval
¡No te rindas!
Parece una frase motivacional de las que utilizan los coaches con frecuencia en sus conferencias.
En esta oportunidad quiero referirme a ella en otro
contexto.
Hace poco leí una conversación mística entre una monja y
Jesús en la que ella le preguntó: "¿Porqué hiciste el infierno?"
Jesús como respuesta la invitó a ver el juicio de un pecador
empedernido, el cual se arrepintió y pidió perdón en el último momento y la
misericordia infinita de Dios lo perdonó.
Sin embargo el diablo muy enojado reclamo a Jesús: "¿Por qué lo
perdonaste? Pecó toda su vida, ya era mío y conmigo no hiciste lo mismo".
Y Jesús se dirigió a él diciendo: "Porque él me pidió
perdón y tú no".
El diablo muy enojado contestó: "Eso jamás, mi soberbia no lo
permitiría".
Jesús le dijo: "En el momento que pidas perdón se cerrará el
infierno".
Jesús le recordó a a la monja que por eso dejó el sacramento
de la reconciliación.
Así terminó esa visión de la monja.
Nuestra naturaleza en muchas ocasiones es hacer lo incorrecto, aunque de antemano sabemos las consecuencias que nos traerá.
Además tendemos a culpar a los demás incluyendo a los menos culpables de nuestras decisiones.
Por eso hoy me atrevo a invitarlos a sentir nuevamente el
amor más sincero, incondicional, puro, maternal, ese que nos hace sentir como
niños protegidos.
Si tienes relaciones sexuales fuera del matrimonio, ve a la iglesia de todos modos.
Si eres un drogadicto tratando de vencer la adicción, ve a
la iglesia de todos modos.
Si estuviste borracho toda la noche, la noche anterior, ve a
la iglesia de todos modos.
Si no estás seguro y alguna conducta tuya te confunde o te confronta, ve a la
iglesia de todos modos.
Si no puedes dejar ese asqueroso mal hábito, ve a la iglesia de
todos modos.
La iglesia es un hospital para los rotos, perdidos, vacíos,
confundidos, desesperados y rechazados.
Todo pecador tiene un futuro, y cada santo tiene un pasado.
¿Cómo rompemos las cadenas de adicción y esclavitud?
¡Con oración, oración por ti y oración contigo!
No hay una sola persona en las 4 paredes de la iglesia o fuera de ella que no tenga algo que odie o se arrepienta de su pasado.
Todos hemos cometido errores, y seguiremos haciéndolo, pero
¡Su GRACIA es suficiente!
Hay cosas que nunca querría admitir en voz alta sobre mí
misma, pero Dios sabe. Y él me ama.
Así que lo que sea que hayas hecho, lo que sea que estés
haciendo, lo que sea que hagas....
¡Ve a la iglesia de todos modos, podría cambiar tu vida!
Siempre tendremos el recurso de buscar la reconciliación con
Dios.
Esta no se trata por ejemplo de robar o matar, pedir perdón
y volverlo a hacer.
Para ello hay pasos a seguir para hacerlo bien y no perder
la amistad con Dios.
Cinco pasos son necesarios:
1. Examen de
Conciencia.
Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar
nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños. Puedes ayudarte de una guía
para hacerlo bien.
2.
Arrepentimiento.
Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos
lastimado al que más nos quiere: Dios.
3. Propósito de no
volver a pecar.
Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado.
De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Podemos caer de nuevo por
debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.
4. Decir los
pecados al confesor.
El Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la
“vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien
nos escucha.
5. Recibir la
absolución y cumplir la penitencia.
Es el momento más hermoso, pues recibimos el perdón de Dios.
La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la
falta que cometimos.
Muchas veces he escuchado la famosa frase: "¿Por qué voy a confesarme con otro hombre?"
Pero no hay que
olvidar que los sacerdotes están consagrados a Dios y Él les dio la facultad de
perdonar los pecados en nombre suyo.
Y si, claro que a lo largo del camino de la Iglesia han
existido y seguramente hay malos servidores que se han aprovechado, los cuales
merecen el castigo no solo divino, sino también el terrenal como cualquier
delincuente, así que si sabes de algún caso. ¡denúncialo! para que no te conviertas
en cómplice.
El Señor nos bendiga y nos guarde.
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