CRÓNICA ES (06): UN DÍA ANTES DE QUE JUEGUEN MÉXICO Y ECUADOR

CRÓNICA ES (06): UN DÍA ANTES DE QUE JUEGUEN MÉXICO Y ECUADOR

Por Martín Borboa Gómez

 

Un día antes de que juegue la selección nacional su cuarto partido en este mundial 2026, podría ser un día de preparativos, organización, expectativa, o avanzar en cosas laborales, financieras, para que al día siguiente, nada, pero nada nos distraiga.

Un día para llevársela leve, no desgastarse, acumular, preparar, llenar el refrigerador o planear la pantalla gigante a la que uno irá a ver el partido, y con quién.

El encuentro de México contra el Ecuador (que viene de ganarle a Alemania 2 a 1), será el 30 de junio 2026. Vaya fecha. Será fabuloso ver a México vencer y avanzar.

Hace siglos, un 30 de junio (de 1520) los mexicas expulsaron a los conquistadores de Tenochtitlan.

Parece que en su huida llegaron a hacer una breve escala ahí por Popotla, aunque otros dicen que fue por allá donde hoy se conoce como Los Remedios. 

En una crónica muy formal, con matices de historia, este sería un motivo y un renglón para insertar versiones, autores, fuentes, bibliografía, etc., pero como eso es a juicio del cronista, nada le quita a mi propósito si me sigo de frente, y continúo con mi descripción sencilla de sucesos.

En realidad, el lector también tiene toda la libertad de creer, confiar, dudar, o detenerse a buscar, cotejar datos, googlear, hasta dar con lo más aceptado en sus fuentes de confianza.

Bien, hasta aquí lo del 30 de junio.

A partir de aquí, puro 29.

Hablando de aniversarios, resulta que hoy 29 de junio es aniversario del famoso “No era penal” en un mundial. Hace 12 años el grito que retumbó en México fueron esas tres palabras: “No era penal”.

Esto no lo busques en las efemérides formales, oficiales, ya sabes que no funciona así, de eso se habló en todo México, de norte a sur, de costa a costa, pero ni así se llega a registrar en las efemérides formales. Eso lo conserva mejor la crónica. Incluso hasta en paredes se veía esa frase en grafiti. En anuncios, en videos en las redes, por todos lados. Ahí una muestra de que la crónica es memoria de infinidad de detalles sensibles y muy significativos que la formalidad no voltea a ver.

En enfrentamiento contra Países Bajos, se marcó una pena máxima (penal) contra México, que nadie en nuestra República pudo considerarlo igual que el árbitro del partido. Nadie.

Y aquí también la crónica podría recurrir a insertar fuentes, datos, (nombres de jugadores, horario, posición en la tabla, estadística de ese mundial, etc) para hacerse más sólida, o no.

Puede hacerlo o no.

Y aun así, seguir siendo crónica.

¿Por qué?

Pues porque el texto sigue siendo precisa al aportar una fecha de partida, señalando acontecimientos, y su autor aprovecha la libertad de elegir incluso con subjetividad, sus palabras, opiniones, tendencia del contenido, etc. De unos no fue testigo (lo de Hernán Cortés en Popotla o más lejos, no lo vio), pero lo del injusto penal lo miró en televisión durante días, en prensa, en internet, etc., lo comentó con vecinos, colegas y hasta con desconocidos.

Así es la vida, y comentarla, compartiendo fechas, sucesos, lo atestiguado, lo sentido, lo visto, lo escuchado, lo presentido, es hacer crónica. Y si en el camino se exagera, se olvidan datos, se revelan tendencias o hasta prejuicios, pues así es el ser humano, y así funciona la crónica, para bien o para mal. Por ejemplo en el partido que veo ahora, el cronista deportivo dice que el jugador “ha corrido ya como mil quinientos kilómetros”, y no se toma a mal.

Entre los cronistas deportivos algunos afirman que el mejor jugador ha sido Pelé, otros opinan que Maradona, otros que lo es Messi, y otros que se llama Ronaldo y es portugués. Así funciona la crónica, porque le da cabida afortunadamente a la opinión del emisor.

Y bueno, para seguir en lo subjetivo y en lo que atestiguó el cronista, procedo.

Este día debería haber sido con una calma emocionada por lo que vendrá mañana 30, pero resulta que el 29, puede tener también sus propias anécdotas, sucesos, y quizá en lo individual me va a resultar más determinante este dia, este 29, que el de mañana.

Este 29 iba a ir al centro, al pasaje Zócalo Tenochtitlan - Pino Suárez, a comprar 2 o 4 libros (quizá un par de Iliadas y un par de Odiseas), así que de Azcapotzalco me fui al metro Popotla, pero antes de meterme al metro, decidí ir a ver nuevamente lo que queda del árbol de aquella noche de escapatoria.

Le tomé fotos, pues uno nunca sabe cuándo volverá a sufrir ataques, o por su antigüedad, pueda deteriorarse aun más. 

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

Escribir de él en una crónica sirve también para dar fe de que al día de hoy, 29 de junio de 2026, la reja negra seguía bien pintada, las placas en su lugar legibles, los dos platos de comida para animales en su lugar (el de agua con contenido, el de sólidos vacío), los postes de concreto completos ayudando a sostener, y en general, todo en orden como a inicio de año. Me dio gusto verlo así, que con tanta lluvia, esa figura que parece todo menos un árbol, tiene brotes de ramitas de brillante verde, que lo hacer verse bien, al menos comparándolo con otras fechas en que solo es tronco.

De mirar el árbol, me acordé que vi en facebook sobre un café cercano, en la calle de Mar Blanco, que antes se llamaba calle Hernán Cortés, la cual hace esquina con la calle de Noche triste.

El café se llama Popotla, está muy bonito, me tomé un americano y lo acompañé con un cuerno que tenía untada mantequilla y mermelada, lo pedí dulce porque no debo consumir mucha azúcar, y precisamente por ello se me antoja más. Fue una agradable estancia en tan tranquilo lugar, muy acogedor, me recordó locales de café en Coatepec, el techo muy alto, de vigas, altos y delgados ventanales, y algunas sillas, pues de esas que parece que ya no hacen.

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez


Salí de ahí pensando en irme al metro para ir a comprar los libros, cuando me llegó un mensaje de un estimado amigo, para confirmarme que el centro cultural donde nos podrían recibir esta semana, pues podría ser hoy, en tres cuartos de hora.

Le confirmé mi asistencia, renuncié a ir al Zócalo por los libros, y me dirigí de vuelta a Azcapotzalco. Ya había pasado mediodía.

Todo libre sin tráfico. Llego, me dejan entrar, espero al amigo, llega, platicamos con el encargado que dirige el centro cultural, todo óptimo, todo a favor, hermoso lugar, se planea una actividad, me entero de otras, que agradable es cuanto todo fluye con luz verde: ¿se puede esto?, “si”.

¿Se puede esto otro?, “si”. ¿Podría ser a partir de tal fecha?, “Claro, lo agendo".

Cuanto ánimo puede uno recibir con esas cortas palabras “si”, “claro”.

Pues yo salí con fecha agendada, con proyecto encaminado, con muchas ideas en la cabeza, y agradecido con el amigo y el director.

El día iba estupendo, pero me faltaban aun esos libros. la hora ya era de comer, y Alemania estaba ya enfrentando a Paraguay.

Busqué opciones, manejé un rato hacia mi casa, y me topé con “La casa de Toño” en Clavería, vecina de la librería “La Nueva Parroquial”.

Con "Toño" me comí unos molletes y de postre el mejor flan napolitano que conozco.

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez


Luego, en la Parroquial conseguí la Iliada y la Odisea, por menos de 50 pesos cada uno. De una vez compré dos ejemplares de cada uno, obviamente un par serán obsequio para mi maestra de mitología griega, que solo tiene esas obras en versión digital. Espero verla pronto.

De paso me compré otro libro, escrito por Luis López de las Heras O.P. (Orden de predicadores) que se llama “San Pablo cuenta su vida”, que al hojearlo me pareció muy interesante, es San Pablo de Tarso contando su propia vida. Me interesó por varios motivos, uno de ellos, por lo mucho que escribió de sus conocimientos y experiencias, y los que aprendió de los demás, dando voz (escrita) a otras personas, y conservando ese mensaje para que alcanzara a futuras generaciones. Y así va, hasta nuestros días.

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez


El día seguía anotando alegrías, rica gastronomía, oportunidades, avances en planes.

Me enteré que el pastel que un día antes obsequié a mi mejor amiga por su cumpleaños, les había gustado, y que la más pequeña de su casa le había pedido más. Que alegría que les haya agradado. Y eso que lo fuimos a escoger debajo de una buena lluvia y con calles inundadas al regresar a Azcapotzalco.

Hablar de obsequios me recuerda que hoy mi hermana me regaló tres monedas de 20 pesos conmemorativas del Mundial de fútbol cuando pasé a saludarla, y un plato de vidrio con aspecto de balón de fútbol. Lo estreno mientras veo el partido de Países Bajos contra Marruecos. Vaya partido. Se juega en Monterrey. 

En el medio tiempo comencé a leer "La Odisea", su primer capítulo, en realidad ahí se llama "Rapsodia I", se trata de "Concilio de los dioses", "Exhortación de Atenea a Telémaco".

La diosa Atenea se presenta ante un mortal en Ítaca (Telèmaco, hijo de Odiseo), ella adopta la apariencia de varón viajero, y le da consejos al joven acerca de su casa, su padre, su madre, y lo que debía hacer muy pronto. Termino de leer esa  primera sección.

El partido se reanuda, los cronistas de una televisora dicen unas cosas, y en otra emisión del mismo partido, dicen otras, no en franca oposición o con diferencia profunda, pero varios matices contrastan:

"Está jugando mejor Marruecos", y en el otro dicen "están jugando muy parejos".

Así es de libre la crónica, la del periodismo deportivo lo demuestra (como todas las demás).

Y vaya datos que fueron compartiendo: Países Bajos lleva sin perder 15 partidos en mundiales, en tiempo reglamentario de 90 minutos. La selección de Marruecos lleva un año sin perder partidos, incluyendo lo de la eliminatoria para participar en este mundial. El goleador de Países Bajos Cody Gakpo y su pareja, perdieron a su bebé que debía nacer en octubre, justo antes de la fecha del partido que están jugando en este momento. Los responsables del equipo hablaron con el jugador para saber si anímicamente podía participar, y él optó por si jugar este partido decisivo, precisamente en honor y memoria de su hijo.

Los aficionados en Monterrey están con diferentes enfoques hacia  el equipo de Países Bajos, por un lado, el desagradable, por recordar el famoso “no era penal” que sucedió entre México y ese país. Por otro, felices, pues el escudo de la selección de Países Bajos es un león, y el partido se juega en Nuevo León, ciudad cuyo emblema es también un león. Países Bajos en su idioma se llama Nederland, lo abrevian NL, y el estado de Nuevo León, se abrevia igual, NL.

Crédito de imagen a quien corresponda

Crédito de imagen a quien corresponda


No profundizo sobre detalles del color naranja del equipo y del color del partido en el gobierno del estado, para no hablar de política, tema que en realidad no me gusta.

Para no hablar de ese partido, mejor sigo viendo el partido. Cero cero al minuto 72.

Al 73, gol de Cody Gakpo, que miraba al cielo tras su anotación, en un gol en que el penúltimo jugador de su equipo que tocó el balón, terminó barriéndose pecho tierra por caerse. Las cámaras enfocan en las gradas del estadio a la familia de Gakpo que igualmente mira sonriente al cielo.

El defensa central de Países Bajos, Virgil, hace maravillas, el cronista deportivo lo define como actualmente el mejor del mundo en esa posición. No me consta, pero le creo. Misma posición que jugaba magistralmente en sus tiempos el capitán mexicano Rafael Márquez para nuestra selección nacional.

En el minuto 90, Marruecos el campeón de África, empata a uno el partido, y se extiende a tiempo extra.

En la televisión, enfocan a aficionados con camiseta de Marruecos que portan sombrero mexicano norteño, y luego a aficionados de Países Bajos con camiseta naranja pero el mismo sombrero norteño. También parece que varios son mexicanos con camisetas de esos países rivales en esta noche. Se nota que el juego es en Monterrey, ambientazo.

Un cronista deportivo da su opinión: si la selección mexicana iba a celebrar seguro 3 partidos, hubieran organizado que un partido se jugara en la Cdmx, otro en Guadalajara y otro en Monterrey, las tres sedes de nuestro país para este certamen.

Me gusta su idea, y por eso me gusta la crónica, porque el que la emite, oral o escrita, puede dar su opinión, de forma plena. Se ajuste o no a las normas de las instituciones, del reglamento internacional, o de estándares establecidos.

Si México hubiera tenido seis estadios programados, ¿hubiera propuesto también que se organizaran los seis partidos en las diferentes sedes, de ser el caso de tantos triunfos?

Quién sabe. Lo importante es la libertad de expresarlo.

Al minuto 100 el estadio de Monterrey demuestra que está con Marruecos, a cada pase que dan entre sí los de ese equipo, se escucha el famoso “ole”, “ole”, muy divertido. Marruecos juega muy bien, ya ha quedado en muy elevadas posiciones en competencias mundiales anteriores, a ver qué pasa en ésta.

Cuando el anaranjado equipo rival tiene la pelota, puros chiflidos se escuchan.

Casi al terminar el segundo tiempo extra, el jugador con la camiseta 11 de Marruecos tiene que cambiar su prenda pues sangra de la ceja, (Ismael Saibari) y también hay un descalabrado del otro equipo.

Se van a penales.

Angustiosos como siempre.

El portero marroquí hace un paradón formidable luego de un curioso movimiento, casi como baile de robot.

El último tiro de la ronda habitual lo cobra Marruecos, y en caso de que lo meta, gana.

Lo tira el descalabrado número 11. Lo mete.

Gana Marruecos, fin del partido. 

Euforia en el estadio, casi como si la derrota de Países Bajos en México fuera justicia ante aquel "no era penal". Cada cabeza es un juez.

Termina mi día, con fotografías de un árbol, tres monedas conmemorativas, dos invitaciones, (una al café de Popotla para una cata y otra al centro cultural para un taller), libros (Iliada, Odisea y San Pablo), un excelente flan, rica comida, buenos partidos y hartas emociones.

México juega mañana. 

Caray. Que equivocado estaba, un día antes de las grandes emociones programadas, puede también tenerlas espontáneas. Cambios, sorpresas, obsequios, acuerdos, gran sol, tormenta, etc.

Y así, sin bibliografía, ni referencias, ni libros de respaldo, sin cotejar datos de ninguna forma, con puro de boca en boca, o vivencia personal, el día de hoy otras personas me contaron infinidad de cosas, en crónicas orales, y para poder recordarlas, las escribo, elaboro mi propia crónica, mi versión, y cuando vuelva a leerlas, agradeceré haberlas conservado. 

Esa es una de las tareas del cronista: conservar su memoria y la de los demás, hasta donde le sea posible.

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