"GORRIÓN" DE TURGUENIEV
"GORRIÓN" DE TURGUENIEV
Por Martín Borboa Gómez
En la Biblioteca Fray Bartolomé de las Casas, en Azcapotzalco, Cdmx, como en todas las bibliotecas de la alcaldía, tienen un amable y exitoso programa de "Trueque de libros", que opera de la siguiente forma:
Uno puede ir a conocer los libros que tienen en la mesa de Trueque (De ninguna forma confundir por favor con los libros del acervo bibliotecario ahí existente).
Si uno o más libros de los que tienen en esa mesa le interesa, puede llevárselos, pero debe dejar en esa misma sesión, ese mismo día, la misma cantidad de libros que se desea llevar, -libros que haya usted traído de su casa, por ejemplo-.
Se lleva un libro, deja un libro.
Se lleva dos libros, debe dejar dos libros.
Y así.
Lo que voy a contar, sucedió en la biblioteca Fray Bartolomé de las Casas, pero pudo haber sucedido en cualquiera de las bibliotecas de la alcaldía, ya que todas manejan el programa de Trueque.
"SENILIA: Realidades, alucinaciones y fantasías", de Iván S. Turgueniev, de la Editorial Offset, México, 1985
Turgueniev nació el 9 de noviembre de 1818, y falleció el 3 de septiembre de 1883.
Entre sus narraciones, cuentos y textos, hubo uno que me gustó bastante, y se llama: "Gorrión".
Definitivamente ese texto no creo para nada que pertenezca a la parte de alucinaciones ni de fantasías que el autor reunió en su obra.
Seguro que es de las realidades que le tocó vivir.
La obra de este gran autor ruso dice así:
"Volvía yo de caza, y seguía a lo largo de una de las avenidas del jardín. Mi perro me precedía corriendo.
De repente comenzó a acortar el paso y después a agazaparse, como si olfateara presa.
Eché una mirada al medio de la calle de árboles y vi en ella un polluelo de gorrión, de pico todavía amarillo y plumón en la cabeza.
Se había caído del nido.
El viento mecía con fuerza los álamos de la avenida.
Estaba inmóvil, extendiendo en su desamparo las alitas implumes.
Mi perro se le acercaba cautelosamente, cuando de pronto abalanzándose de un árbol cercano, un gorrión viejo, pechinegro, cayó como uan piedra delante de su hocico, y todo erizado, desfigurado, con piar espasmódico y lastimero, saltó dos veces en dirección de las fauces, dentadas y abiertas.
Se había lanzado para salvar al polluelo y servirle de defensa.
Todo su cuerpecillo temblaba de terror, pero su voz era salvaje y ronca; moría de miedo pero se sacrificaba.
¡Qué enorme monstruo debía parecerle el perro!
Y sin embargo no permaneció quieto, libre de todo peligro en su alta y segura rama.
Una fuerza superior a su fuerza lo había impulsado.
Tesoro -mi perro- se detuvo y retrocedió.
Dijérase que también reconocía aquella fuerza.
Confuso, me apresuré a llamarle, y me alejé lleno de santo respeto.
El amor, pensé, es más fuerte que la muerte, y no teme a la muerte.
Por el amor, y sólo por el amor se soporta y se prosigue la vida".
(Imágenes: del autor)