SÚBETE CASI A LAS SEIS

SÚBETE CASI A LAS SEIS

Por Martín Borboa Gómez


No te subas antes, hace más calor, el sol pega más fuerte y las fotos de ciertos lados te saldrán con exceso de luz.

Súbete casi a las seis, a esa hora el transporte se pone feo, y tú estarás a salvo allá arriba, en el mirador de la Latino.

Podrás ver al montón de hormiguitas que salen del trabajo y corren para meterse al metro Bellas Artes, o como las jardineras de Bellas Artes se van llenando de parejitas que se saludan luego de su jornada.


Si tienes suerte, podrás ver los volcanes como los ví yo ese día, y la luz será perfecta, pues el sol ya irá de salida. 
A esa hora muchos ya están pensando en otra cosa, y no en subir a las alturas, así que además habrá poca gente que te estorbe para asomarte del lado que se te antoje en ese mirador.


No le hace que tu cámara no sea buena, o que te tiemble la mano al tomar fotos, el chiste es el recuerdo de que pudiste ir, tuviste el tiempo, el dinero y la salud para ir.
Te juro que hoy mismo hay mucha gente a la que le falta una de esas tres ventajas.


Verás que las calles del centro de la Ciudad de México DEPENDEN de la altura con que se miren. Allá abajo, impresiona el ruido, el movimiento, el riesgo de despedirse de la cartera, el celular o el suéter. 
Allá arriba, las calles no amenazan, no gritan, no se ven los baches, ni los hoyos, ni las coladeras destapadas, solo se ve que la ciudad es color impermeabilizante, y todos los autos se ven iguales, sus colores son distintos, pero son rectanguiltos de juguete muy similares.


Poco a poco las luces van cobrando sentido, parecen joyitas, o puntitos de diamantina en la maqueta. 


Hasta notarás que la Alameda central tiene cierta geometría en su trazo de sus caminos interiores, cosa que no se nota estando ahí adentro, y parecerá que sus árboles tienen una misma altura en promedio. 

Estando abajo, metido en ese paseo frondoso, ni cuenta te das de esas grandes copas verdes. 


Y empezará a notarse aun más la ventaja de haber subido casi a las seis. 

Lo que era gris o color impermeabilizante, se volverá negro, sin esfuerzo, como camaleón que decidió camuflajearse y esconderse. 

Las cosas se ponen de acuerdo y se vuelven negras al mismo tiempo.

Las luces que se mueven podrán recordarte a las luciérnagas si es que las conoces. 
Las luces de la Alameda parecerán pistas de aterrizaje para los últimos pájaros que regresan al gran chisme en las copas de los árboles de la Alameda.


Con tremenda luz artificial verás como destacan ciertas cosas de la ciudad, y otras se ocultan, como radiografía extraña. Las luces que se veían amarillentas hace rato las verás muy blancas después, y hasta los volcanes se perderán de tu vista.

Dos formas de ver la ciudad, o una forma de ver dos ciudades.

Como quieras.

Pero son dos por el precio de uno.

Y sólo por subir casi a las seis, dejar que se retire el sol y reine la noche.

En menos de lo que te imaginas, habrás visto lo que te platico.



(Imágenes: del autor)

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