PASEANDO A UN COREANO POR LA CIUDAD DE MÉXICO
PASEANDO A UN COREANO EN LA CIUDAD DE MÉXICO
Por Ana María García Alvarado
En lo personal, la Ciudad de México, me encanta, así que cuando alguien de la familia o conocido quiere visitarla, si tienen un lugar que quieran conocer, busco la manera de cómo llegar y cumplir sus sueños.
Así, que cuando mi hermano me pidió apoyo de pasear a un jefe coreano, que haría escala en la ciudad de México dos días antes de viajar a Manzanillo, lugar donde supervisaría proyectos en la compañía SSA Mexico grupo Carrix, acepté sin pensarlo, sin embargo, tenía la duda en cómo me comunicaría con él.
El coreano como todos en el trabajo lo conocen estaría en la Ciudad de México dos días. Uno lo dedicaría a visitar algunos de los sitios de la ciudad y el otro estaría destinado a visitar la zona arqueológica de Teotihuacán.
El plan era el siguiente; tendría que ir por él a su hotel y de ahí se podría planear el recorrido. Su hotel se ubicaba a una cuadra del Ángel de la Independencia.
Por ser un lugar céntrico podríamos desplazarnos fácilmente a otros lugares. La cita era a las diez, llegué un poco temprano, no conocía a la persona. Al parecer ese hotel era favorito para personas asiáticas, que para mí eran todos eran iguales.
Tuve que esperar a las diez en punto para ver a esta persona, afortunadamente hablaba algo de español, preguntó si era la persona que venía de parte de la compañía, al indicarle que sí, salimos del hotel rumbo al Ángel.
En la parada del camión pregunté de sus planes indicándome que al día siguiente iría a Teotihuacan, algo que me pareció perfecto.
Le pregunté si quería caminar un poco y me dijo que sí. Nuestros pasos nos llevaron a las rejas de Chapultepec, donde se exponía en fotos los dibujos de niños ganadores de un famoso concurso de la época. Le llamaron la atención los temas, la edad y formas que dibujar de estos niños.
Siguiendo por las rejas de Chapultepec
llegamos a uno de mis sitios favoritos de Chapultepec :la cafetería y librería
de Porrúa ubicada ahí cerca del lago, a unos pasos del museo de Antropología.
Se sorprendió al ver este lugar en medio de una ciudad tan caótica y disfruto
de un te sin azúcar por ser diabético.
Fotos de Ana María García Alvarado
Nuestra siguiente visita fue al Museo Nacional de Antropología, del cual comentó que le pareció enorme, ya que en su país no hay museos tan grandes. Insistió en no visitar el área de Teotihuacán, ya que iría al día siguiente, algo que no respeté y lo pasé a esta sala.
De este lugar le encanto la sala mexica y las instalaciones, la
museografía y la fuente ubicada en medio de las salas, donde se tomó una foto.
Foto de internet
Nuestro siguiente lugar para visitar fue la Casa de los abuelos en la Zona Rosa. Ahí quiso probar comida mexicana, pidió varios platillos, pero lo detuve ya que solo quería probar. Pidió pozole, el cual probó sin ponerle, lechuga, rábanos y demás condimentos que hacen a este plato algo delicioso, por sus prisas en probarlo. Cuando pidió tacos dorados, tacos con cohinita pipil que le encantaron, le pedí al mesero una sola orden y dos platos para compartir.
Luego tocaba
visitar el centro de la ciudad. Tomamos un autobús que nos llevó por todo el
paseo de la Reforma, donde vio a los padres de 43 estudiantes de Ayotzinapa, y me preguntó por qué estaban esas pancartas. Teniendo la pena de decir que hace
un tiempo el gobierno en turno desapareció jóvenes estudiantes. El camión estaba lleno y
guardamos silencio,
Fotos de internet
Pensé que en el zócalo quisiera ver la zona arqueológica pero no, decidí entonces llevarlo a templos o conventos, así que caminamos por la calle de Moneda.
Al llegar al Palacio del Arzobispado (hoy museo de arte de la SHCP) alguna gente estaba formada y pregunté que evento estaría programado: era una ópera, que él conocía y le encantaba, se sorprendió cuando preguntó por el costo ya que solo traía dólares y se nos informó que era un evento gratuito.
Le gustó el edificio,
poder hablar con jóvenes en inglés y la interpretación de los cantantes,
mencionando que en su país nada era gratis.
Foto Ana María García Alvarado
Algo que núnca me ha gustado del zócalo de la Ciudad de México, es la falta de iluminación por la noche. El lugar es muy obscuro, parece una boca de lobo. Imposible ver los edificios de gobierno, la catedral metropolitana, se pierde, incluso el metro es difícil ubicarlo. Un taxista nos pedía 500 por llevarnos a la Zona Rosa, así que decidí llevarlo por metro, del Zócalo a Pino Suarez y de ahí a Insurgentes. Quería conocer el metro, pero nunca previó conocer un trasborde como el de Pino Suarez.
Ya en la Zona Rosa, terminamos en un bar ya que quería probar tequila,
pero llegamos a la hora feliz, y pidió dos bebidas. Nuestra mesa tuvo de un
momento a otros cuatro vasos tequileros de los cuales solo probamos uno.
Nuestro recorrido terminó cuando lo dejé a una cuadra de su hotel, el camión para el Auditorio estaba en la parada. Fue un gran día de muchas visitas.
Días después, cuando llegó a Manzanillo, comentó que le encantó lo que conoció en la Ciudad de México ya que no había estado tanto tiempo en ella.
Su viaje a Teotihuacán le impactó, aprovechó muy bien su estancia en la ciudad.