BUCERÍAS

BUCERÍAS

Por Raquel Rodríguez Sandoval


Seguimos en el hermoso estado de Nayarit, esta vez visitando la bella y diferente playa de Bucerías.

 Al entrar al pueblo encontramos la iglesia de Nuestra Señora de la Paz, un pequeño parque, comercios, cocinas, el mercado de artesanías, y llegamos al letrero que nos da la bienvenida.

 

La diferencia que encontré aquí, en comparación con otras playas, es el increíble viento, que no se pueden llamar ráfagas, ya que es constante, pero esta característica hace de esta playa un lugar único, ya que el intenso calor combinado con el viento crean un ambiente delicioso.

 

Las personas que viven aquí nos dijeron que este viento se presenta del mes de febrero hasta agosto y que de septiembre a enero esta mucho más tranquilo.

 

La playa la pueden disfrutar desde los más pequeñitos de la familia hasta adultos mayores, ya que hasta cierta distancia no es muy profunda y las olas avivadas por el viento, llegan con la intensidad suficiente para provocar un buena revolcada (fue el caso de Faty Kim Mingi).

 

También pudimos observar un gran número de personas esquiando con paracaídas, que aprovechando  el mencionado viento, ganaban fuerza para remontar sobre las olas.

 

Además se ofrecen paseos a caballo y en cuatrimoto, asì que también hay actividades interesantes fuera del agua.

Por nuestra parte, mientras descansamos en la arena, pudímos adquirir las artesanías propias del lugar, hechas por manos de la etnia local: collares, pulseras y animalitos hechos de tela y bordados a mano.

También se puede disfrutar de la comida, mangos, botanas, los servicios como el de hacer trencitas y dar masajes.

A una calle de ahí, comimos mariscos, muy ricos y frescos.

Así, tuvimos Bucerías en el paisaje, en el viento, en los accesorios, en la comida, en las emociones.

Es una experiencia única que sin duda volvería a repetir.

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