RECUERDOS DE LA NIÑEZ EN ZITÁCUARO, MICHOACÁN

RECUERDOS DE LA NIÑEZ EN ZITÁCUARO, MICHOACÁN

Por José Carbajal Cortés

 


“Todas las personas fueron al principio niños,

aunque pocos de ellos lo recuerdan”

-Antoine de Saint Exupéry

 

 

 Los recuerdos de la niñez viven en la memoria, están presentes en el tiempo y el espacio dentro de nosotros, esa parte que queremos compartir, que nos habla de un lugar y de los recuerdos de un entorno.

 Los primeros recuerdos de mi infancia en Zitácuaro Michoacán, los puedo ubicar en mi memoria con la enorme casa de mis abuelos, esta parecería un granero convertido en casa y cuyo piso era de tierra, mis abuelos eran: Albino García y Celestina Esquivel. Su casa estaba situada en la calle de Pueblita Norte. El lugar sigue ahí, aunque totalmente cambiado pues ya no existe la enorme casa y la calle que era de terracería ahora está totalmente pavimentada y se encontraba a la vuelta de la estación del tren de Zitácuaro, que ahora es un Museo: El Museo Casona de la Estación.

 Ahí viví con mis padres y mis hermanos los primeros tres años de vida, después mis padres buscando mejores oportunidades de vida se trasladaron a la ciudad junto con mis hermanos llegando a Azcapotzalco a vivir y establecernos, primero en Clavería y después en la Colonia El Recreo.

 En las vacaciones de cada año íbamos sin falta a casa de mis abuelos. Siempre al acercarnos a la entrada de Zitácuaro, observaba con emoción desde el autobús cuando íbamos a arribar al lugar después de la entrada de “las curvas” en la carretera y pasar el arco que daba la bienvenida a Zitácuaro y en donde se observaba además el escudo del municipio en la parte alta y central en el arco de piedra. Enseguida se presentaba siempre como un preámbulo el cerro Xilotepec, mejor conocido por los lugareños como “el Cerro Cacique”, el cual guardaba varias leyendas en su entorno, como aquella que decía que ahí existen cuevas que van a dar a las afueras de Zitácuaro al otro extremo y, además, según dice la leyenda que sus túneles llegaban hasta la entrada de mismísima México-Tenochtitlan por el lado de Chapultepec…. También estaba la trágica leyenda de amor de la princesa Cumanda (Sombra) y de la lucha por su amor entre el llamado Cacique (Cuanicuti, guerrero purépecha) de ahí el nombre del cerro y el llamado pelón (el conquistador español Alonso de Peñaranda) por el amor de la bella princesa purépecha y, de como, por amor y celos el cacique escondió un tesoro e hizo derrumbarse la mina donde lo escondió pereciendo todos y se dice que el tesoro de Cuanicuti quedo sepultado ahí para siempre y también de aquella historia que nos comenta que en la cercanía de las faldas de este cerro se estrelló la avioneta que piloteaba Pedro Infante en la que iba con Lupita Torrentera teniendo el percance y de las personas que lo ayudaron en el accidente y del cual se hizo de varios compadres en Zitácuaro y como olvidar el que Irma Infante años, muchos años después comentaría que por un cerro allá por Michoacán -el Cerro Cacique- donde se estrelló su avioneta en su faldas, que en varias ocasiones regreso Pedro Infante al lugar para agradecer a las personas que lo ayudaron y en esas visitas cabalgaba por el lugar y que le contaban a Irma Infante entonces que de vez en cuando en aquel sitio en las faldas del cerro, se escucha su grito de alegría de Pedro de vez en cuando por el viento, cual si montara un caballo y que se pierde a la distancia ese grito de júbilo…

  Así continuando, al pasar el cerro el autobús se desplazaba por la Avenida Revolución y era de observar como un de un hermoso paisaje plasmado por un extraordinario pintor, del pequeño cerro que se halla al fondo hacia el interior donde se hallan ahora antenas de transmisión, parecía un lienzo pintado por la naturaleza, bello, con un esplendor verde enmarcado con el azul cielo como el zafiro conforme se desplazaba el autobús antes de llegar a la terminal de Zitácuaro, un paisaje que de niño apreciaba de sobremanera, ya que ahora las construcciones y la modernidad en Zitácuaro tapan y opacan aquella maravillosa visión de la naturaleza actualmente.

 Por las noches el cielo despejado de aquel Zitácuaro era todo un espectáculo celeste mis ojos se llenaban de las estrellas, ¡había tantas que no se podían contar! Titiritaban en la oscuridad cual luceros con su luz y al canto de los grillos. En las noches a veces se veían luciérnagas paseando con sus luces que encendían y apagaban en los terrenos donde había campos enfrente de la casa de mis abuelos, que se encontraban cercados.

 En ocasiones mi padre Juan Téllez, conocedor del lugar, nos llevaba al río la Carolina, un río con mucho afluente, un río que recorríamos y en el que observamos pequeños pececillos y ajolotes que nos parecían “pequeños monstruitos”, también en el recorrido nos encontrábamos con señores con sus burros transportando leña, con personas paseando o pescando en el río y hasta cocinando. El tío Juan de Curungeo a veces me llevaba a caminar hacia su casa y nos íbamos por toda la vía del ferrocarril de Zitácuaro hacia Curungeo y pasábamos por un puente de fierro que era el paso del ferrocarril y que parecía antiguo y me decía que estaba hecho para durar siempre; camino más delante de las vías en un trecho cuando caminábamos por la tarde, aparecía delante de nosotros un pájaro que parecía “adelantarse” a nosotros y volaba de árbol en árbol a los costados de la vía y yo le decía a mi tío porque iba adelante y si nos deteníamos se detenía y él me decía “es el pájaro ‘pis’ porque si oyes hace ese ruido como si quisiera llamar tu atención y dicen va cuidando y guiando al caminante o tan sólo acompañándolo pero siempre al frente”.


 Pero lo que más me llamaba la atención era la estación (antigua estación del ferrocarril de 1897) que entonces me parecía un romántico lugar y el tren que se ha ido con el tiempo. Cada tarde llegaba el tren, anunciando su llegada con su potente silbato, luciendo sus llamativos colores rojo y negro y en sus costados las siglas FNM, en cuyo tren en diversas ocasiones nos subíamos varios amigos como una aventura en lo que se estacionaba, hasta que ya no nos dejaron subir por seguridad y al otro día al amanecer muy temprano, rayando el amanecer partía, siendo que en ocasiones quería verlo partir al amanecer y sentía cada vez que se iba que una parte de mí de manera inexplicable se iba con el tren y era curioso ver como a lo lejos se veía cada vez más pequeño como de juguete, echando humo y escuchándose su silbato y pasar por el cerro hacia Curungeo, rumbo a Angangueo por aquellos cerros que parecían despedirlo y desearle buena suerte. Al costado de la Estación entre una plataforma y un almacén, se formaba un eco y jugábamos ahí haciendo ruidos que se tornaban curiosos como espaciales pasando ahí la tarde. En muy contadas ocasiones llegábamos en tren a Zitácuaro, ya que mis papas preferían el autobús. Este tren de pasajeros y de carga dejo de circular en la década de los 80.

 La antigua estación estuvo descuidada muchos años ya que se arremolinaba la tierra y las hojas que caían de los árboles y el viento arremolinaba la basura y lo hacía parecer un lugar romántico y abandonado y así estuvo en deterioro muchos años hasta que ferrocarriles dono el terreno de la casona a las autoridades del Municipio y por tanto de su rescate por el H. Ayuntamiento y a petición de propuestas de ciudadanos como lo fue mi tía Estela Esquivel quien sugería a las autoridades que se construyera un museo en la casona y una casa de artesanías dentro de la bodega de la Estación. A un costado del museo en la misma Casona se encuentra la oficina del cronista municipal de Zitácuaro, Michoacán a quien he tenido la fortuna de conocer a varios de estos cronistas que cada tres años son designados por el municipio y de los cuales me he enorgullecido de conocer.

 Se dice que esta Casona que ahora es el Museo y Centro Cultural Casona de la Estación me contaron hace años (en que hicimos contacto con el cronista de Zitácuaro Michoacán el Dr. Miguel Avilés en la oficina del cronista municipal) los policías o vigilantes que cuidaban el recién Museo que en ciertas ocasiones se escuchaba en las noches el silbato del tren algo agudo, pero como si estuviera afuera, y que al salir se dejaba de escuchar y al volver a entrar se volvía a escuchar dicen…. quizá, son sonidos que quedaron atrapados en sus paredes en el tiempo y el espacio.

 A un costado de la estación había un lugar tradicional, que precisamente se llamaba como “el Café la Estación” pero que le decían con cariño “el cafecito de la Estación” y en cuyo local había fotos muy antiguas de tono sepia y en blanco y negro de la estación cuando esta funcionaba y de su enorme Casona, así como de la antigua locomotora enmarcadas en cuadros y cada vez que iba las admiraba con mis ojos de niño. El cafecito siempre estaba concurrido todas las mañanas donde uno se deleitaba con los sabores y olores recién de la mañana en que vendían: café, café con dulce o “piquete”, chocolate, leche con chocolate, atole, aguas de sabor, refrescos artesanales locales, pan michoacano, conchas, gelatinas, flanes; se instalaban asimismo puestos de: tacos, de tamales y corundas, de carnitas, de borrego. Ahora ya no se encuentra en su localito anterior, pues fue demolido, sino en el patio de la casa de una las dueñas y las históricas fotos ya no están expuestas.

 Cada año en las vacaciones esto era lo que vivía, volvía a vivir y después con matices diferentes como los paseos a la antigua zona arqueológica de San Felipe Alzati y de su enorme pirámide de origen Matlazinca, que se encuentra camino a Zirahuato en una salida de la carretera de Zitácuaro ya que se dice que la pirámide o yácata es tan enorme que no se ha podido desenterrar, que es del tamaño de un cerro y su extenso entorno ahora estudiado y custodiado por personal y arqueólogos del INAH y autoridades. Y me contaba mi tía Estela a quien a su vez le habían contado, que ahí se aparecía un “viejito” que te llamaba que vestía de manta como los del lugar y llevaba un costal y que aseguraban te mostraba el lugar como se veía antiguamente, pero que las personas a las que les hablaba quedaban por un momentos privados de la razón, hasta que volvían en sí dentro de las ruinas y contaban lo del viejito que les había llamado…

 El cerrito de la Independencia que veía desde casa de mis abuelos, era un lugar para pasear, había ahí un pequeño zoológico al que íbamos, que ya no existe, pues se pasó a Morelia. Al subir este cerro se aprecia una vista panorámica de la H. Ciudad de Zitácuaro -en realidad Municipio- ya que lo de Ciudad es honorifico y en lo alto se podía y se puede sentir el viento de Zitácuaro que acaricia el rostro y se escucha el silbar de este. Antes se encontraba un conjunto de esculturas de personajes insurgentes en este cerro de la Independencia, ahora ya no están han sido sustituidas por una gran escultura del independentista Ignacio López Rayón.

 Cercano a la casa de mis abuelos estaban los lavaderos públicos de Cedano (donde corría un río a un costado que decían se aparecía la llorona) y a donde iba a lavar mi abuelita Celestina y mi mama Esperanza, llegábamos caminado entonces y teníamos que ayudar a cargar los bultos de ropa que lavarían y apreciábamos asimismo un gran árbol histórico al que llamaban la “Ziranda” de siglos se dice y que se encuentra aún ahí ya deteriorado y de las también antiguas Haciendas y Ranchos que existieron en el lugar tiempo atrás, como aquel Rancho que estaba donde ahora se encuentra la terminal de autobuses de Zitácuaro, así como de aquella Finca ya desaparecida con el romántico nombre de “La Finca o La Mansión Sagrada del Olvido”, como de también la Quinta Hortensia que era un gran terreno con una construcción en donde actualmente se encuentra las oficinas de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, con sede en Zitácuaro.

  Íbamos a la blanca y majestuosa Iglesia de los Remedios en donde escuchábamos la misa de fin de año en familia y de saber su leyenda o milagro de la burrita que al llegar al lugar en que iban de paso para arreglar una imagen de la Virgen y no querer caminar más se detuvo en este lugar y de esta imagen que dicen al querer moverla se volvió pesada y no la podían mover y dicen que fue la señal de que la imagen quería quedase ahí y de ahí el nombre del templo de la Virgen de los Remedios.

 De su pequeña biblioteca “Melchor Ocampo” que fue antes el palacio municipal, cercana a la Iglesia de los Remedios a la que acudía y veía sus libros que aunque algunos no entendía, me gustaba tocarlos, ya que buscaba libros con ilustraciones o le pedía algún cuento al encargado, ahora sigo acudiendo cada vez que voy a Zitácuaro a la biblioteca pero con la novedad no sólo de leer algunos libros y recorrer la biblioteca o platicar con el bibliotecario “Don Goyo”, si no además hago donaciones de algún libro o material relacionado con Zitácuaro cada vez que puedo, lo cual me da satisfacción.

 También del paseo a la Iglesia de San Francisco o San Pancho a las afueras de Zitácuaro, donde filmaron escenas de la película de Hollywood “El tesoro de la Sierra Madre” de la novela de Bruno Traven ambientada en Zitácuaro y en San Jose Purúa.

 A veces se veían algunas mariposas monarcas que, en ocasiones, se veían pasar por Zitácuaro en la temporada de su llegada hacia el cerro “el pelón”, pues algunas se veían por la estación, el parque y por la calle Pueblita y sus alrededores revoloteando y eran inconfundibles “mira ya van llegando las mariposas monarca estas son algunas de ellas”, nos decía mi tía Estela Esquivel quien había estudiado la carrera de Historia. Veía de niño a mujeres mazahuas con sus coloridas vestimentas, vendiendo desde fruta hasta guajolotes y otras aves y los hombres mazahua con ropa de manta blanca hablando el dialecto y el español también para poder vender. Había mujeres del lugar que vendían sus tortillas recién hechas en sus anafres de carbón en su comal y siempre probaba de esas tortillas que eran un deleite, ya sea vendidas o que las hiciera mi abuelita celestina o su comadre que vivía al lado y cuyo aroma de las tortillas llegaba hasta la casa de mis abuelos. El cielo en el día era de un azul limpísimo y que me parecía diferente al de la ciudad. Escuchaba mi abuelita la radio local con canciones de moda o nostálgicas lo cual de niño me parecía magia musical, esos sonidos y melodías que tocaba la radio local.

 La Avenida Hidalgo y la Avenida Revolución son las principales, ya que la primera conecta al poblado con el centro del municipio y la segunda prácticamente rodea a la ciudad de Zitácuaro dándole toda la vuelta y llegando a todas sus calles y demás avenidas. Existían tres cines en Zitácuaro los cuáles eran: el Avenida, el Reforma y el México, a los que acudí a ver algunas películas y que decían vamos al “cinito” con mi primos o hermanos, pero en realidad eran cines grandes; siempre en vacaciones quería ir al cine a ver que películas había y veía los carteles que me parecían mágicos del cine Reforma. Con el tiempo estos cines cerraron para dar paso a los modernos cines “Leo” dentro de un centro comercial.

 



 En el panteón municipal ubicado en la Avenida Hidalgo, se encuentran -y las veía desde que era niño- la historia de Zitácuaro en unas bancas de piedra, así como también en un conjunto de lozas a la entrada de este con la historia del lugar desde la antigüedad hasta el tiempo moderno y que ahora remodeladas las puedes apreciar a la entrada del panteón.   

 Si llegas a ir a estar parte de Michoacán en alguna ocasión, observaras que, en la parte en donde se encontraba la Estación, continua estando la enorme Casona -ahora Museo- de estilo inglés de fines del siglo XIX y que me recuerda a algunas casonas de Azcapotzalco sólo que esta es de dimensiones mayores porque era Estación y además era también la casa del Jefe de Estación y de oficinas, y si tú si caminas hacia el centro o te diriges a la carretera hacia la Avenida Revolución observarás que se encuentra en una pendiente el terreno o banquetas como si estuviera en una hondura, esta parte que es declive o hundida, quizá te extrañe un poco de porque esta así, esta hondura era el lugar de la antigua aldea de la “Zitacua” o Zitácuaro, palabra de origen mazahua que significa  En el lugar de Sogas”, aunque también se ha interpretado que significa “Lugar escondido” esto es del antiguo pueblo de Zitácuaro ya que el terreno no es plano sino que tiene una pendiente hasta llegar a la Avenida Revolución que es la “subida” es donde se estableció el Zitácuaro “moderno”, pero la antigua aldea de la Zitacua o el tradicional antiguo Zitácuaro estaba en esta parte que tiene esta hondada natural -donde vivían mis abuelos- en donde se estableció el tren y que fue a través del tiempo se fue estableciendo el Zitácuaro moderno a su alrededor y por ello se halla así este “subida” y “bajada” en este municipio de Zitácuaro. Este municipio ha sido llamado como la tres veces Heroica Ciudad de Zitácuaro, porque en diferentes momentos de su historia, ha sido defendida por sus habitantes, la cual tres veces fue arrasada e incendiada y tres veces ha sido reconstruida.

 Esos hechos que viví de niño quedaron siempre en mí, estos recuerdos son los que te quería compartir amable lector, recuerdos de la niñez por este lugar de Zitácuaro, lugar escondido en Michoacán.

 

 

 

Las fotos son con fines ilustrativos, tomadas de los sitios:

Foto 1. Heroica Zitácuaro Michoacán de Ocampo En facebook https://www.facebook.com/HeroicaZitacuaroMichoacan/photos/d41d8cd9/538684066190513/?paipv=0&eav=AfYLINwhLszeFq2oB7hIcQX106sMp4RYAcvCOl_sf-5v7OjlHrq_nZs3fx-grbKq-5I&_rdr

Foto 2. Sistema de Información Cultural. Museo Casona de la Estación. En https://sic.cultura.gob.mx/ficha.php?table=museo&table_id=185

Foto 3. Zitácuaro, El Cacique y el Pelón. En http://zitacua.blogspot.com/2013/07/el-cacique.html

Foto 4. Archivo. Escudo del Municipio de Zitácuaro. En Wikipedia https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Escudo_del_municipio_de_Zit%C3%A1cuaro.png

 

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