CORAZÓNICA 19: SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
CORAZÓNICA 19: SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Por Raquel Rodríguez Sandoval
Desde pequeña me he identificado con la devoción al Sagrado Corazón de Jesús porque su fiesta aunque es movible siempre queda muy cerca a mi cumpleaños en junio.
Cuando cumplí mis XV años pedí que mi medalla fuera de la
Virgen en su advocación del Sagrado Corazón.
Corazónica me suena a amor, y no he encontrado amor más
grande que el de Jesucristo y por ello deseo escribir de su Sagrado Corazón.
La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús se celebra el
viernes siguiente a la solemnidad del Corpus Christi, casi como para sugerirnos
que la Eucaristía no es otra cosa que el Corazón mismo de Jesús, de Aquel que
de corazón cuida de nosotros.
Fue el sacerdote Juan Eudes, quien celebró esta fiesta por
primera vez el 20 de octubre de 1672. Pero ya algunas místicas alemanas de la
Edad Media —Matilda de Magdeburgo (1212-1283), Matilde de Hackeborn (1241-1298)
y Gertrudis de Helfta (1256-1302)—, así
como el dominico Beato Enrique Suso (1295 - 1366), habían cultivado la devoción
al Sagrado Corazón de Jesús.
A la difusión del culto contribuyeron las revelaciones
privadas recibidas por la religiosa visitandina Margarita María Alacoque
(1647-1690). Margarita Alacoque vivía en el convento de Paray-le-Monial
(Francia) desde 1671. Tenía ya fama de gran mística cuando el 27 de diciembre
de 1673 recibió la primera visita de Jesús, que quiso compartir con ella los
sufrimientos de su Corazón, rebosante de amor por el Padre y por toda la
humanidad, del mismo modo que los compartió con el discípulo Juan durante la
Última Cena. "Mi divino corazón está tan apasionado de amor por la
humanidad que, incapaz de contener en sí mismo las llamas de su ardiente
caridad, debe difundirlas. Te he elegido para este gran proyecto”, le dice.
Al año siguiente, Margarita tuvo otras dos visiones. En la
primera apareció el Corazón de Jesús en un trono de llamas, más brillante que
el sol y más transparente que el cristal, rodeado de una corona de espinas; en la
segunda, Margarita contempló a Cristo resplandeciente de gloria, con rayos de
luz que salían su pecho y se expandían por todos lados. Jesús le habló de nuevo
y le pidió que comulgara cada primer viernes de mes durante nueve meses
consecutivos, y que se postrase en tierra en oración durante una hora en la
noche entre los jueves y los viernes. Nacieron así las “devociones de los nueve
viernes” y de “la hora santa de adoración”.
En una cuarta visión, Cristo le pidió que se instituyera una
fiesta para honrar su Corazón y reparar, mediante la oración, las ofensas que
recibe. De parte de Jesús, Margarita también recibió una gran promesa de
perdón: quien se acerque dignamente a la Eucaristía y comulgue durante nueve
meses consecutivos el primer viernes del mes, con espíritu de expiación por las
ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento, amando, honrando y consolando
al Corazón de Jesús, recibirá el don de la perseverancia final, es decir,
terminará su vida con la gracia de los sacramentos y de la remisión de sus
ofensas a Dios y al prójimo.
En 1856, el Papa Pío IX ordenó que la fiesta del Sagrado
Corazón fuera extendida universalmente a toda la Iglesia. En 1995, San Juan
Pablo II instituyó en este mismo día la Jornada Mundial de Oración por la
Santificación del Clero, para que Jesús custodie el sacerdocio en su corazón.
EL CORAZÓN
En el lenguaje bíblico, el corazón tiene un significado
mucho más amplio del que nosotros le atribuimos ordinariamente: indica toda la
persona en la unidad de su conciencia, inteligencia, voluntad, libertad. El
corazón indica la interioridad del hombre.
Con su costado abierto, Jesús nos dice: "Tú me interesas",
"Tomo tu vida en mi corazón". Pero también nos dice: "Haz esto
en memoria mía: cuida de los demás. Con todo el corazón. Es decir, experimenta
los mismos sentimientos de mi corazón y toma las mismas decisiones que yo he
tomado".
ORACIÓN
Divino Corazón de Jesús,
te ofrezco por medio del Corazón Inmaculado de María,
madre de la Iglesia, en unión con el sacrificio eucarístico,
las oraciones, acciones, alegrías y sufrimientos de este día
en reparación de los pecados y por la salvación de todos los
hombres,
en la gracia del Espíritu Santo, para gloria del Padre
Divino.
Amén.
Según Vatican news, estas son las promesas de Jesús a quien comulgue los 9 primeros viernes cada mes:
1. A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado.
2. Daré la paz a las familias.
3. Las consolaré en todas sus aflicciones.
4. Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y
principalmente en la hora de la muerte.
5. Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas.
6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el
océano infinito de la misericordia.
7. Las almas tibias se harán fervorosas.
8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran
perfección.
9. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado
Corazón esté expuesta y sea honrada.
10. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones
empedernidos.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito
su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.
12. A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes
continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la
perseverancia final.
ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Podemos conseguir una estampa o una figura en donde se vea el Sagrado Corazón de Jesús y, ante ella, llevar a cabo la consagración familiar a su Sagrado Corazón, de la siguiente manera:
Señor Jesucristo, arrodillados a tus pies,
renovamos alegremente la Consagración
de nuestra familia a tu Divino Corazón.
Sé, hoy y siempre, nuestro Guía,
el Jefe protector de nuestro hogar,
el Rey y Centro de nuestros corazones.
Bendice a nuestra familia, nuestra casa,
a nuestros vecinos, parientes y amigos.
Ayúdanos a cumplir fielmente nuestros deberes, y participa
de nuestras alegrías y angustias, de nuestras esperanzas y dudas, de nuestro
trabajo y de nuestras diversiones.
Danos fuerza, Señor, para que carguemos nuestra cruz de cada
día y sepamos ofrecer todos nuestros actos, junto con tu sacrificio, al Padre.
Que la justicia, la fraternidad, el perdón y la misericordia
estén presentes en nuestro hogar y en nuestras comunidades.
Queremos ser instrumentos de paz y de vida.
Que nuestro amor a tu Corazón compense,
de alguna manera, la frialdad y la indiferencia, la
ingratitud y la falta de amor de quienes no te conocen, te desprecian o
rechazan.
Sagrado Corazón de Jesús, tenemos confianza en Ti.
Confianza profunda, ilimitada.
(Imagen de internet)