MALETA PARA EL AÑO QUE DESPIERTA

MALETA PARA EL AÑO QUE DESPIERTA

Por Marco Antonio Orozco Zurath

 

Lleno la maleta con fragmentos de cielo,

con el jadeo de un sol que aún no ha nacido

y el eco de días que aguardan en fila.

 

El peso no está en el equipaje,

sino en el viento que arrastra mis pasos:

el murmullo de lo que fui,

el clamor de lo que seré.

 

Empaco la salud como un hilo interminable,

una promesa que recorre las venas,

que suaviza los bordes de la fatiga

y me devuelve el lenguaje del cuerpo.

 

El dinero, lo guardo entre hojas de papel,

no como amo ni como deuda,

sino como río que riega raíces

y abre puertas en paredes de sombra.

 

Cada moneda es una brújula humilde

que señala senderos ocultos.

En mis bolsillos escondo amaneceres intactos,

piel que respira en paz con el tiempo.

 

Los éxitos son mapas escritos en códigos

los doblo con cuidado,

como quien guarda una flor marchita

que aún conserva su aroma.

 

El porvenir me espera,

sus manos llenas de preguntas,

sus ojos cargados de enigmas.

 

El amor viaja ligero,

en tarros de vidrio que reflejan la luz.

Lo llevo como un eco que canta en el pecho,

como un refugio sin cerrojos.

 

Que sea llama, no hoguera;

viento que empuja, no cadena.

 

En el fondo, la paz:

una pluma que cae despacio

en el torbellino de los días.

 

Seguridad, como una casa en la tormenta,

un techo que resiste,

un suelo que nunca traiciona.

 

Dejo espacio para la magia:

un cometa que rasga la noche,

una risa que rompe el silencio,

las grietas, moradas de luz.

 

Cierro la maleta con palabras:

esquelas al futuro,

versos al tiempo,

promesas al viento.

 

Lo que no cabe se queda fuera,

pero lo que llevo basta:

mi hambre de vida,

mi sed de eternidad,

mi fe en el alba que siempre vuelve.

 


(Crédito de imagen a quien corresponda)

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