A CIEN AÑOS DE ROSARIO CASTELLANOS, DE LA VIGILIA ESTÉRIL (Parte 1 de 2)

 

A CIEN AÑOS DE ROSARIO CASTELLANOS

 DE LA VIGILIA ESTÉRIL

(Parte 1 de 2)

 Marco Antonio Orozco Zuarth

 


Rosario Castellanos, una de las voces más poderosas de la literatura mexicana, plasmó en "De la vigilia estéril" un poema profundamente introspectivo y transgresor, publicado en 1950 por Ediciones América.

En esta obra temprana, la poeta, quien en ese entonces culminaba su maestría en Filosofía y Letras en la UNAM, ya delineaba los pilares de su mirada crítica y feminista, abordando temas como la maternidad, la culpa y la lucha interna por la autonomía.

Este poema es un viaje emocional dividido en cuatro partes, que atraviesa distintos estados: la negación, el deseo, la resignación y la condena. El tema central es la maternidad, concebida no como un mandato incuestionable, sino como una encrucijada existencial. Rosario construye un monólogo poético en el que cuestiona la maternidad no desde el rechazo absoluto, sino desde la contradicción y el conflicto interno.

En la primera parte del poema, la poeta expresa un rechazo contundente a la maternidad. Desde el inicio establece que no se lamentará en las "antiguas palabras de la desolación y la amargura", dejando claro que no busca victimizarse, sino exponer su posición con lucidez. Destacan estos versos:

"No quiero dar la vida.

No quiero que los labios nutridos en mi seno

inventen maldiciones y blasfemias."

Aquí, la maternidad aparece como una carga que la autora se rehúsa a asumir. El contexto en el que escribió este poema es crucial: en la década de 1950, las mujeres comenzaban a ocupar espacios laborales y educativos que antes les habían sido negados. Rosario, en sintonía con este despertar feminista, cuestiona el rol tradicional de la mujer y el mandato de la maternidad como destino inevitable. Además, su negativa no surge solo de una cuestión de autonomía, sino también de una reflexión sobre la crudeza del mundo en que vivirían esos hijos potenciales, un mundo que ella percibe marcado por la violencia y la desesperanza.

Sin embargo, en la segunda parte del poema, aflora un deseo reprimido de ser madre. La voz poética reconoce la existencia de un anhelo latente, aunque contenido por la razón y el miedo:

"A ratos, fugitiva del sollozo

que paulatinamente me estrangula,

vuelvo hacia las praderas fértiles y lo invoco

con las voces más tiernas y el nombre más secreto."

Este fragmento revela una dualidad: la maternidad es un deseo presente, pero no puede realizarse sin dolor ni sufrimiento. Hay aquí un paralelismo con el poema "Apuntes para una declaración de fe", en el que se imagina un mundo mejor, en el que los dolores de la vida se transforman en esperanza.

En "De la vigilia estéril", la maternidad soñada se presenta como un acto de fe, una posibilidad que solo puede existir en el delirio y la ensoñación:

"¡Hijo mío, tangible en el delirio, encarnado en el sueño!"

Este hijo es una presencia imposible, anhelada pero inalcanzable. Más adelante, la vida de la propia autora desmentiría la aparente irrevocabilidad de esta renuncia, ya que con el tiempo Rosario Castellanos se convertiría en madre de Gabriel.

En la tercera parte del poema, el tono se torna aún más sombrío y desgarrador. La voz poética enfrenta la frustración y el juicio ajeno, plasmándolo en una imagen de esterilidad y vacío:

"Pero mirad mis brazos crispados y vacíos como redes tiradas inútilmente al mar."

Aquí, la maternidad se convierte en un fracaso no solo personal, sino socialmente impuesto. La poeta anticipa la condena de aquellos que ven la maternidad como el destino natural de toda mujer. Sin embargo, a pesar de la tristeza y la sensación de inutilidad, emerge una forma de resistencia. La soledad se vuelve un escudo, una fortaleza contra el juicio externo:

"Mi soledad me sirve de escudo."

Este verso desafía la percepción social de la maternidad como un mandato incuestionable. Rosario reivindica su autonomía al asumir su decisión con plena consciencia, aunque eso implique la marginación y la incomprensión.

En la última parte del poema, el discurso adquiere un tono definitivo. Hay una transformación semántica impactante: la maternidad, antes exaltada como un ideal sublime, se convierte en una condena, en un pecado. La poeta lo expresa con estos versos:

"Antes, para exaltarme, bastaba decir madre.

Antes dije esperanza. Ahora digo pecado. Antes había un golfo donde el río se liberta.

Ahora sólo hay un muro que detiene las aguas."

La imagen del "golfo donde el río se liberta" transformado en "un muro que detiene las aguas" es una poderosa metáfora de la clausura de una posibilidad. La maternidad ya no es una fuente de plenitud, sino una renuncia definitiva. No hay más ambigüedad: la decisión está tomada y el costo es alto. La voz poética nos enfrenta a la idea de que la maternidad no es solo un evento biológico, sino una construcción social que puede oprimir en lugar de liberar.

En conclusión, "De la vigilia estéril" es un poema que afronta con valentía y crudeza uno de los dilemas más complejos de la feminidad: la maternidad como elección y no como destino inevitable. Con un tono reflexivo y desgarrador, Rosario Castellanos nos presenta a una mujer que renuncia a la maternidad no por falta de amor, sino por una combinación de miedo, culpa y deseo de protección. En su renuncia hay un eco de resistencia y una afirmación de su autonomía, aunque el precio a pagar sea la soledad y el juicio social.

Este poema sigue siendo relevante hoy en día, en una sociedad donde las mujeres aún luchan por el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y destino. Rosario, con su mirada lúcida y comprometida, nos recuerda que la maternidad no es una obligación, sino una decisión que cada mujer debe poder tomar libremente.

Años más tarde, en el poema "Se habla de Gabriel" (publicado en En la tierra de en medio, FCE, 1972), la autora replantearía su relación con la maternidad desde otra perspectiva, pero sin abandonar su mirada crítica.

Así, "De la vigilia estéril" sigue resonando como una obra imprescindible dentro del corpus poético de Rosario Castellanos y de la literatura feminista en general.

 

En este contexto podemos interpretar los términos que llevan por título el poema:

Vigilia: Conciencia inquieta y reflexiva de la poeta, quien medita profundamente sobre su decisión de ser o no ser madre. La vigilia sería entonces la lucidez con la que enfrenta el dilema de la maternidad, como un insomnio emocional y filosófico que la lleva a cuestionar los roles impuestos a las mujeres.

Estéril: la inutilidad de ciertos anhelos o esfuerzos contradictorios de ser madre sin sufrir las consecuencias. El conflicto interno la dejan con una sensación de frustración y hasta cierto punto aceptación.

 

 

Bibliografía:

Castellanos, Rosario. De la vigilia estéril, México: Ediciones de "América", 1950



(Artículo publicado en el diario "Ultimatum", de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el día 17 de marzo de 2025, página 14) (Crédito de imagen a quien corresponda)

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