A CIEN AÑOS DE ROSARIO CASTELLANOS, SOBRE CULTURA FEMENINA II, Planteamiento de la cuestión

 

A CIEN AÑOS DE ROSARIO CASTELLANOS

 SOBRE CULTURA FEMENINA II

Planteamiento de la cuestión

 

Marco Antonio Orozco Zuarth


  

“…el lenguaje filosófico me resultaba inaccesible y las únicas nociones a mi alcance eran los qué se disfrazaban de metáforas”

Rosario Castellanos

 

 

Como en toda tesis, Rosario Castellanos inicia con el planteamiento del problema, es decir, la descripción de una situación que tratará de resolver. En este caso, lo hace a través de una pregunta central: ¿Existe una cultura femenina? A partir de esta hipótesis, examina diversas posturas filosóficas que han abordado el tema, analizando las ideas de pensadores como Arthur Schopenhauer, Otto Weininger y Georg Simmel.

Schopenhauer sostiene que la mujer no está destinada a los grandes trabajos de la inteligencia ni del mundo material. Según él, su capacidad intelectual es limitada, caracterizada por una "miopía intelectual" que le permite percibir lo inmediato, pero no lo distante. Afirma que la única función de la mujer es la propagación de la especie, concentrando en ello toda su vocación.

Por su parte, Weininger lleva estas ideas aún más lejos, reduciendo la esencia femenina exclusivamente a la sexualidad. Mientras que el hombre, según él, posee conciencia y genialidad, la mujer carece de lógica, de individualidad e incluso de alma. En su visión extrema, la mujer no es más que materia sin identidad propia, condenada a una existencia inconsciente y limitada a los ámbitos del amor, el sexo y la reproducción.

En contraste, Simmel adopta una postura menos hostil y más reflexiva. Señala que la cultura, tal como la conocemos, ha sido construida en su totalidad por los hombres, abarcando el arte, la industria, la ciencia, el comercio, el Estado y la religión. Esta hegemonía masculina ha impuesto obstáculos a la participación de las mujeres en la vida cultural. No obstante, reconoce que el arte y la literatura han sido los espacios donde las mujeres han logrado mayor presencia, aunque con dificultades. En particular, la novela se presenta como el género que ofrece más libertades a la escritura femenina, pues sus formalidades son menos rígidas en comparación con otros géneros literarios.

Simmel también destaca la casa como la gran creación cultural de la mujer, una obra con valores duraderos y una influencia profunda en la vida humana, más que cualquier otra creación cultural masculina. Además, señala que la mujer ejerce una segunda gran influencia en la espiritualidad del hombre, la cual este transforma en cultura.

A pesar de sus intentos por reivindicar a la mujer, Simmel incurre en afirmaciones problemáticas. En su ensayo Lo masculino y lo femenino (Para una psicología de los sexos), sostiene que, para la mujer, la sexualidad es una esencia sustantiva e independiente, mientras que para el hombre es un problema de relación. Argumenta que la mujer permanece encerrada en sí misma, mientras que el hombre es exterior; que el hombre busca su morada fuera, mientras que la mujer la encuentra en sí misma. Según esta visión, los hombres creen que las mujeres no son capaces de generar ideas porque su pensamiento no se estructura en términos de oposición y relación, sino de una unidad interna con la idea misma.

Simmel incluso llega a afirmar que, aunque pocas mujeres han sido consideradas geniales, en los hombres geniales hay algo de feminidad. Relaciona esta percepción con la maternidad, la cual define como una unidad metafísica que vincula a la mujer con el origen de la existencia y con lo universal.

Rosario Castellanos analiza estos autores, considerados en su época expertos en la materia, y menciona a otros que comparten visiones similares. La mayoría de ellos argumentan desde un punto de vista abiertamente misógino, intentando demostrar la supuesta inferioridad intelectual de la mujer a través de justificaciones filosóficas y hasta biológicas, como la idea de que el cráneo femenino es más pequeño y, por ende, también su cerebro. Leer estos postulados en la actualidad resulta sorprendente, y es precisamente este tipo de afirmaciones lo que da origen a la ironía característica del estilo de nuestra autora.

Además, en su revisión encuentra textos que alaban la figura femenina, pero que lo hacen desde un enfoque meramente sentimental y no filosófico, por lo que los descarta como argumentos válidos para su análisis.

A través de su tesis, Rosario Castellanos no solo desmonta los discursos que justifican la exclusión de la mujer en la cultura, sino que también abre camino a una reflexión más profunda sobre el papel de la mujer en la historia y la necesidad de un pensamiento crítico que supere la visión reduccionista impuesta por siglos de tradición patriarcal.

 

Crítica al pensamiento misógino del siglo XIX y XX a la luz del conocimiento actual

 

Advertimos que las posturas de Arthur Schopenhauer, Otto Weininger y Georg Simmel sobre la mujer, analizadas por Rosario Castellanos, reflejan un pensamiento misógino profundamente arraigado en las estructuras patriarcales de su tiempo. Desde la distancia crítica que nos permite el siglo XXI, resulta evidente que estos planteamientos no solo carecen de fundamento científico, sino que han sido refutados por los avances en diversas disciplinas como la neurociencia, la psicología, la antropología y los estudios de género.

Schopenhauer, por ejemplo, sostiene que la mujer posee una "miopía intelectual" que le impide comprender lo abstracto y lo lejano, limitándola a lo inmediato. Su visión no es más que una extensión del prejuicio de su época, que restringía a la mujer al ámbito doméstico y negaba su acceso a la educación y a la producción intelectual.

Más extrema aún es la visión de Weininger, quien reduce a la mujer a su sexualidad, negándole la posibilidad de poseer individualidad, lógica o incluso alma. La afirmación de que "la mujer no es nada, solo materia" resulta grotesca desde cualquier perspectiva contemporánea, especialmente en un mundo donde la mujer ha demostrado sobradamente su capacidad en todos los campos del conocimiento y la cultura.

Por su parte, aunque Simmel muestra una postura más matizada, sigue reproduciendo la dicotomía esencialista que coloca a la mujer en el ámbito de lo interno, lo subjetivo y lo intuitivo, mientras que al hombre lo vincula con la razón, la objetividad y la acción. Esta dicotomía no solo es reduccionista, sino que ignora la complejidad de la experiencia humana. Su afirmación de que la cultura es enteramente masculina y que la mujer solo ha podido sobresalir en el arte dentro de ciertos límites impuestos por el mundo masculino, refleja más una descripción de la exclusión estructural que una característica intrínseca de la mujer.

A la luz del conocimiento actual, estas posturas no solo han quedado obsoletas, sino que se revelan como intentos sistemáticos de justificar la subordinación femenina. La neurociencia ha demostrado que no existen diferencias cognitivas significativas entre hombres y mujeres que justifiquen tales afirmaciones; la psicología ha desmontado la idea de la "naturaleza pasiva" de la mujer; y los estudios de género han demostrado que el acceso al conocimiento y la participación en la vida cultural dependen de estructuras de poder y no de una supuesta esencia masculina o femenina.

En definitiva, la historia ha demostrado que la genialidad no tiene género y que la supuesta inferioridad femenina no fue más que una construcción ideológica diseñada para perpetuar la dominación masculina.


(Artículo publicado en el diario "Ultimatum", de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el día 01 de abril de 2025, página 13) (Crédito de imagen a quien corresponda)

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