CRÓNICA ES (01): BEATO SEBASTIÁN DE APARCIO

CRÓNICA ES (01): BEATO SEBASTIÁN DE APARCIO

Por Martín Borboa Gómez

 

AZCAPOTZALCOGRAFÍA.

 

 

Imgaen del Beato Fray Sebastián de Aparicio
Crédito de imagen a quien corresponda

De mis mayores y acompañantes en el gusto de escribir, he aprendido que la crónica se ejerce y se practica, se elabora, se alimenta, se desarrolla,dentro del alma, del pensamiento, de las emociones y de la pasión de quien la elabora.

Es decir, es algo cuyo impulso nace en el interior del cronista.

A diferencia del periodismo que puede obedecer a hechos del momento y urge la nota, de la investigación que puede obedecer a motivos académicos, empresariales, gubernamentales, de la ficción que puede obedecer al ímpetu creativo del autor, propuestas editoriales o concursos, necesidad de un guión, etc, la crónica suele obedecer más al deseo personal del cronista para registrar lo que vio, lo que sintió, lo que opina, lo que le maravilló u horrorizó, lo que encontró, lo que conoció, en una muy válida exposición intima y muy personal con adjetivos, elementos, en la que resalta lo que de manera individual y completamente subjetiva le ha llamado la atención, para bien o para mal, y que en su opinión merece la pena, anotarlo, y en su momento, compartir.

No es posible enmarcar a la crónica en una definición simple, y al menos, no es el objetivo de esta serie “Crónica es”.

La idea de esta serie es exponer ejemplos y auxiliar a que las personas que hacen crónica, a que sin pena ni dudas, se reconozcan como cronistas.

Sabemos que en el ámbito cultural hay personas que se asumen como jueces de quien si y quien no encaja en su definición de cronista. Ahí están y ahí estarán.

Aun así, lo verdaderamente importante es lo que uno mismo estime de su propia persona, en libertad, ante su esfuerzo, su resultado, su pasión, su camino, sus textos.

Al difundir su trabajo, será aun mejor, pues lo expone ante otros, y ante futuras generaciones, para ser útil, para mostrar lo que en su momento, llegó a ser tan significativo para una persona, que ésta se sentó a registrar con adjetivos, fechas, emociones, apreciaciones, etc, con la visión de que llegará a otras personas como información, como confesión, como investigación, como lo que uno quiera y mande, pero que llegue.

Así, por ejemplo abordar el caso del gran personaje que es el Beato Fray Sebastián de Aparicio, que llegó a Nueva España, que construyó caminos, que domó animales, que hizo carretas, que se asentó como gran hacendado en una zona entre Azcapotzalco y Tlalnepantla, que se casó dos veces, que donó casi todo lo que poseía en un momento, y luego el resto en otro, que ingresó a la Orden franciscana, que se desplazó a Puebla de los Ángeles, en donde fue limosnero, y sitio en el que falleció.

Una cosa es revisar su historia con fuentes bibliográficas, museográficas, y obtener un texto de profunda fidelidad histórica, y otra cosa es que uno diga después, en completa libertad, su subjetiva opinión sobre el personaje, su vida, su obra, su legado, etc.

Una cosa es hablar de que hizo caminos, su trazo, su fecha, su longitud, su finalidad, y otra cosa es expresar libremente lo que uno piensa de ello, de lo que unió, lo que aprovechó, y en como se maneja su aportación, o incluso, sobre como se ignora su obra.

Un ejemplo es lo mucho que se habla de él en Azcapotzalco, y lo poco que hay sobre él en el mismo sitio. 

O lo mucho que se tiene de él en la parroquia en Puebla donde están sus restos, y lo poco que se expresa de él fuera de ese recinto.

De lo importante que es tener su imagen en el escudo del municipio de Ojuelos, Jalisco, pero lo poco difundida que es su acción constructiva en esa zona.

Escudo de Ojuelos, Jalisco
Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

Escudo de Ojuelos, Jalisco
Crédito de imagen Martín Borboa Gómez


Para dar otro ejemplo, tenemos la charrería, el deporte nacional,  ahí si que se reconoce ampliamente al Beato Fray Sebastián de Aparicio como uno de sus patrones, ya que al haber sido él quien propuso destinar animales de tiro al propósito de jalar carretas en estas tierras, y con ello lograr que la legislación vigente permitiera que los nativos montaran a dichos animales, la convivencia plena de caballos y nativos se facilitó gracias a él, y luego, de esa convivencia, sumado a la destreza, valentía, talento, ingenio, fueron surgiendo las suertes charras, se desarrolló la capacidad con belleza, gallardía, y con tanto arraigo, que perdura hasta nuestros días con un alto, altísimo cariño e importancia, de amada tradición, de notable espectáculo en charreadas, de importante valía económica, y de representatividad patriótica en los festejos nacionales más importantes.

Los desfiles patrios en Azcapotzalco y en el Zócalo de la Ciudad de México, culminan con los contingentes de charros y de escaramuzas.


Crédito de imagen a quien corresponda


La gran libertad que ofrece la redacción de crónica, es que en diferentes momentos, el autor puede hacer sobresalir ante sus lectores, una faceta específica de una persona que vivió hace siglos, dar su opinión, reunir muchos o pocos libros al respecto, o incluso ninguno.

Jamás habrá comparación entre leer un libro de charrería que asistir a una charreada.

Una crónica sería contar como te fue en la charreada, que te pareció, que te gustó, que sugerirías a una persona interesada en asistir, decir con franqueza si volverías a ver una, si percibiste algún homenaje al Beato Fray Sebastián de Aparicio en el lienzo en donde se llevó a cabo, si en esa ocasión asistió la reina de esa asociación de charros, si el día fue soleado o lluvioso, si hubo baile, rifa, tómbola, si hubo charros visitantes de otras regiones, si participó algún campeón nacional de competencias de charrería, o si la mayor parte del tiempo tu fascinación fue motivado porque iniciaste una hermosa amistad con alguna persona que llenó de colores tu tarde.

Hilos conductores que en libertad el autor aprovecha, partiendo de la experiencia, la investigación, la documentación, implicando su personal punto de vista, su individual y subjetiva opinión, describiendo con adjetivos la oportunidad que tuvo en su acercamiento (vivencial, bibliográfico, museístico, etc) y compartir su texto con lectores, actuales o futuros.

Hoy quizá me asomo a la trascendencia del Beato Fray Sebastián de Aparicio respecto a la charrería.

Y en un mes y medio, quizá me acerco al mismo personaje en relación a la utilidad espiritual de su cordón franciscano para el bienestar de las mujeres embarazadas y que resulte auxiliar en la intercesión para pedir a Dios por su buen parto.

Esa libertad de elegir tema, del enfoque, del desarrollo, de la profundidad o no del texto, del destino de ese trabajo, de las fuentes de las que se nutra, de lo amplio o especifico del panorama abordado, de la libre expresión de opinión del autor, de la libertad para adjetivizar, suponer, acertar, contrastar o fallar, entre otras cosas, definen en los hechos a una crónica.

 

 

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