CRÓNICA ES (03): LIBRO Y SOPA DE TORTILLA

CRÓNICA ES (03): LIBRO Y SOPA DE TORTILLA

Por Martín Borboa Gómez

 

Material muro dentro de Bellas Artes, Cdmx
Crédito de imagen Martín Borboa Gómez
(Con el hambre que llevaba me pareció salami)

Es muy difícil que la historia le preste atención al sábado de un ciudadano cualquiera. A menos que esa persona ese día lograra una hazaña monumental, provocara una catástrofe, ganara un premio, por ejemplo, y mereciera por positivo o negativo, quedar en los anales de la historia.

El periodismo tampoco suele ocuparse del sábado de un ciudadano cualquiera, a menos que un acontecimiento relevante le rodeara, le incluyera, por ejemplo ayudó a levantarse a la estrella del rock que se cayó visitando la Lagunilla un día antes de su concierto en el Zócalo, entonces si puede que esa persona pudiera ver su nombre en un periódico, por el acontecimiento interesante de reportear, pero lo importante suele ser el acontecimiento, la nota, y lo habitual es que sea por ejemplo un connotado político, deportista, científico, artista, quien esté ligado al acontecimiento.

La crónica en cambio, puede ser generada completamente por ese ciudadano cualquiera y que el tema central sea su sábado cualquiera, o su sábado especial, diferente, narrado en primera persona, muy probablemente sin premios, sin hazañas, sin catástrofes, sin estrellas de rock, sin conciertos, sin reporteros, sin bibliografía de respaldo.

Simplemente un día cualquiera de una persona cualquiera.

Eso, es tela de donde cortar para la crónica.

Eso de ese día, es el acontecimiento para la persona, porque lo vivió, porque le gustó, le sirvió, quizá esperó semanas para vivirlo así, de esa forma, en esa compañía, en esa soledad, y porque pudo ser el último día de su vida…

 

POR EJEMPLO:

SÁBADO DE LIBRO Y SOPA DE TORTILLA

 

Por ejemplo, fuiste a la feria del libro del Palacio de Minería, te enteraste que van en su edición 47 porque lo dice en todos lados, buscaste alguna editorial que tuviera una publicación económica del autor Ignacio Manuel Altamirano, porque lo has tenido presente, porque se aparece en tus rumbos, tus conversaciones, en tu club de lectura, en el museo, y al ir a una enorme feria del libro, famosa, repleta, con extenso programa, pues encuentras que apenas dos editoriales tienen algo de ese autor. Una es la UNAM y otra Porrúa.

Esas siempre están en el centro histórico. Con o sin feria.

Pero ya disfrutaste toda la feria, conociste nuevas obras, te regalaron calcomanías, una pluma, un periódico, te tomaste unas fotos, caminaste y usaste escaleras de siglos.

Cansado te sales, ya hace hambre, y esta vez quieres comer sentado, en un sitio fresco, algo económico, y llevas la nueva adquisición: obra de tu autor Altamirano, de la colección “Sepan Cuantos…” Núm. 275 “Paisajes y leyendas. Tradiciones y costumbres de México”.

Foto de parte de la portada del libro
Crédito de foto de la imagen parcial del libro: Martín Borboa Gómez


¿En dónde comer? En el rumbo hay cientos de opciones.

El sol está pegador a esa hora, es cuando sombra (seca) te dan algunos edificios, pero la ausencia de árboles hace que no haya sombra fresca.

Te diriges a la Alameda Central que está plagada de árboles buscando algo de frescura, y en el camino asoleado desde arriba y duro reflejo desde abajo por el material del suelo frente a Bellas Artes, te refugias en la sombra que hay en la entrada del hermoso edificio.

Sombra entre mármoles.

No es frescor de hierba pero algo del "frío" del mármol si se percibe.

Con eso basta.

El calor está resuelto, pero ¿el hambre?

Adentro de Bellas Artes no hay puestos como afuera.

En la feria del libro no conseguiste muchos libros diferentes de Altamirano, de hecho solo uno. Porrúa solo tenía uno, aunque en su catalogo hay más obras de él. En la librería de la UNAM no había en existencia de lo de su catálogo que si incluye al autor, así que te sobra  dinero pues esperabas hallar dos o tres libros de Altamirano, y solo conseguiste el de “Sepan Cuantos…”.

(Te das cuenta que pudiste haber ido cualquier día del año al centro y obtener el mismo resultado, y en una de esas, quizá hasta mejor). (Quizá el error es todo tuyo, vas a una feria para comprar un libro que adivinabas podrías hallar fácilmente en catálogo de Porrúa). (A una feria se va por novedades, por oportunidades, no por obviedades, supongo).


El chiste es que por no gastar, te sobró dinero.

Tienes hambre. Hasta el mármol de la construcción te pareció salami.

Y no hay puestos ni miscelanea dentro de Bellas Artes.

Recorres la planta baja del recinto, volteando a todos lados, admirando…

Esto es bellísimo…

El crujir de tu estómago ya logras escucharlo.

Notas que hay un restaurante en un costado del gran espacio.

Te acercas, y aun sin ver la carta estima$ que no será un lugar para saciarte.

Descubres que la sopa de tortilla cuesta lo que quizá podrías ocupar afuera para tu comida corrida completa.

La ventaja es que hay una mesa libre en óptima ubicación para admirar el recinto mientras comes.

¿Hace cuanto que no comes sopa de tortilla en un palacio mientras lees un nuevo libro?

Pues que así sea, te metes al restaurante, tomas asiento, “Buenas tardes, ya sé que deseo, nada más la sopa de tortilla, de tomar luego le digo, muchas gracias”.

Sopa de tortilla
Crédito de imagen Martín Borboa Gómez


Estas en Bellas Artes, te acompaña Altamirano, mesa para dos, con presupuesto suficiente para una sopa que vale el doble de donde la acostumbras (El Nevado, en el centro de Azcapotzalco).

Listo.

El acontecimiento de tu sábado es lo que lograste, sentiste, aprendiste al ir a la feria del libro que es una vez al año, al encontrar el libro que buscabas, te sobró dinero, te urgía sombra y alimento, Bellas Artes es tu inesperado refugio, y puedes estirar los bocados de sopa tanto como quieras.


"El café de Bellas Artes"
Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

"El café de Bellas Artes"
Crédito de imagen Martín Borboa Gómez


La vista interior de un hermoso palacio,

la compañía por letras de un gran mexicano,

la tarde de un gran día,

la crónica de tu sábado.

Dice el refrán: “Cada quien habla como le fue en la feria”.

Fue la Feria edición 47 en Minería.

Y describir como te fue en ella, es tu crónica.

Así que para usar adjetivos que enriquezcan tu texto, no olvides decir que la sopa estaba riquísima, el caldo muy espeso y sabroso, con textura de crema de jitomate, los cubos de queso manchego muy ricos, hasta preguntaste la marca de queso que utilizan, muy elegante que el mesero trae el caldo de jitomate para tu sopa en una jarrita para servirla en el plato ante la mirada antojadiza del comensal. (Así no lo hacen en tu sitio habitual en tu alcaldía).

Hace tiempo que no comías en restaurante con servilletas de tela. No olvides decir que estuviste muy contento, leíste lo primero que abriste de tu libro, y viste como estaba Altamirano emocionado por planear ir a conocer Jalapa. Y a ti te emocionó leerlo a él.

Esas emociones, junto a otras cosas, son tu acontecimiento.

Ese acontecimiento, será el núcleo de tu expresión.

Y ese día, es parte de tu historia.

Su descripción se llama: crónica.

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

Crédito de imagen Martín Borboa Gómez

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