LA CAVERNA, UN SITIO MUY CODICIADO
LA CAVERNA, UN SITIO MUY CODICIADO
Por Adrián González Cabrera
Esa mañana sonó el teléfono de la oficina de Julián; era su
secretaria Lupita, quién le informó que su jefe quería verlo en su oficina en
ese mismo instante. Julián trabajaba en el segundo nivel de ese edificio
colonial construido en el siglo XVIII con el Ing. Del Rosal, entonces Director
de Obras de la Delegación Miguel Hidalgo, CDMX.
Julián se trasladó a la oficina de su jefe, a través de un
pasillo con gruesos muros y acabado en el piso con cuarterones de barro de 40 x
40 cm. Durante el recorrido observaba el domo recién construido con elementos
metálicos negros y policarbonato que cubría el segundo patio del edificio. Se
anunció con la secretaria de la Dirección, tocó la puerta y se introdujo al
cubículo.
—Buenos días, ingeniero. A sus órdenes.
El ingeniero, elegante como siempre, vestía traje azul
marino, camisa blanca y corbata roja. Sentado en su silla jugaba con la pluma
fuente Mont Blanc color negro que tenía entre las manos, apoyando los codos en
la cubierta brillante del escritorio de caoba barnizado en tono semi mate.
Levantó la cara y dijo:
—¿Qué tal, Julián? fíjate que me llegó esta instrucción del
jefe Delegacional para que hoy, último día hábil de este 2005, me presente a
una reunión con los vecinos de la colonia Observatorio para que tratemos, en
sitio, un asunto relacionado con una caverna; “…yo sinceramente le saco”, y te
instruyo para que asistas en mi representación. Reclino su espalda sobre el
respaldo de su silla poniendo las palmas de las manos en la nuca y expresó:
—En el memorándum están indicados todos los datos. Ve
yéndote para que llegues a tiempo, porque si llegas tarde ya sabes que se
empiezan a “calentar” los ánimos.
Julián llegó 15 minutos antes del inicio de la reunión,
misma que inició a las 11:00 am en la banqueta de una de las vialidades de la
colonia Observatorio. Los vecinos condujeron a Julián al sitio en que estaba
ubicada, en el piso, la tapa de un aparente registro de 80 x 80 cm. Destaparon
el aparente registro y los vecinos empezaron a bajar, uno a uno, (eran poco más
de veinte) por una escalinata de concreto aparente que iniciaba a nivel de
banqueta, dicha escalinata daba vuelta en “U” hacia la parte inferior de la
superficie de rodadura (carpeta asfáltica) de esa vialidad principal.
Finalmente, Julián bajó y, al llegar el pie de la escalinata, se acordó del
“…yo sinceramente le saco” del Ing. Del Rosal. ¡Julián se encontraba en el piso
de una caverna de aprox. 30m de largo x 12m de ancho x 10 m de altura! El
interior de la caverna era frío pues el piso, los “muros” y la bóveda eran de
tierra natural, además de no contar con ventilación ni iluminación excepto la que se alcanzaba a colar por el
hueco que recibía la tapa-registro de la entrada, y, eso, abierta.
Ahí, debajo de esa vialidad principal de la Colonia Observatorio
se llevó a cabo la junta. En todo momento Julián temía que la bóveda de la
caverna se desgajara. (Hacía muchos años había vivido Julián un pequeño
desgajamiento de la bóveda de un restaurante llamado “La Gruta”, ubicado en una
caverna en Teotihuacán, casi pegado a la cara posterior de la “Pirámide del
sol”.
Con gritos alterados y argumentando un latente riesgo de
colapso de la bóveda, los vecinos solicitaban que esa gigantesca oquedad se
incluyera en el programa de rellenado de cavernas de la Delegación Miguel
Hidalgo. Dicho programa consistía en rellenar con concreto premezclado, a un
muy elevado costo económico, las cavernas.
Julián, tratando de disipar la presión con que se inundó el
ambiente, explicó el procedimiento para solicitar el rellenado a las
autoridades Delegacionales, aclarando que tal vez dicha caverna ya estuviera
contemplada en dicho programa.
Se programó una próxima reunión en el auditorio Delegacional
con objeto de informar lo concerniente.
Al término de la reunión, las veintitantas personas fuimos
dejando atrás uno a uno la oscura caverna ascendiendo por la escalinata de
concreto hasta alcanzar el hueco que recibía la tapa registro la tapa-registro
para salir por el hacia la vía pública. Entonces se iluminó todo y se sintió,
de nuevo, el calorcito del sol.
Cuando Julián se retiraba del sitio después de despedirse de
mano de todos, lo abordaron dos vecinos y le plantearon lo siguiente:
—¿Sabe cuál es la prisa de los vecinos para que se rellene
la caverna? Pues que quieren bloquearnos (a nosotros dos) porque se enteraron
de nuestras intenciones de solicitar una concesión a las autoridades.
¬—Creo que los vecinos —dijo Julián— lo mismo que las
autoridades Delegacionales, están en lo correcto al pensar primero en materia
de seguridad. —Pero…dígame… ¿en qué consiste la concesión que pretenden
solicitar?
—Le platico: —dijo uno de los dos vecinos— hace unas semanas
terminé de leer un libro que trata de asuntos diversos de la ciudad de Nueva
York en los años 1980s. Ahí leí acerca de una disco muy exitosa llamada “Disco
Infierno”, que se encontraba en el subterráneo de una calle de Nueva York. De
ahí me vino la idea de solicitar a las autoridades una concesión para instalar
un café en la caverna que acabamos de visitar, lo cual ya despertó la codicia
de varios vecinos al enterarse. Yo solamente quisiera asociarme con mi vecino
aquí presente. ¿Me puede usted orientar a qué área de la Delegación debo
dirigirme para plantear mi solicitud?
Dijo el vecino.
—Mire usted —dijo Julián—creo que, de inicio, debe usted
obtener información en la Delegación acerca de si dicha caverna ya está
incluida en el programa de rellenado de cavernas. De no ser así, en seguida
debe usted esperar para ver como concluye la solicitud vecinal a efectos de
relleno. Finalmente, en su caso, le sugiero contactar a la Dirección General de
Jurídica y Gobierno de la Delegación a efecto de orientarlo para plantear su
solicitud. No omito mencionar que pienso que tal vez el libro que lo inspiró a
usted sea uno llamado “Privileged Lives” de Edward Stewart, Delacorte Press,
1988. De ser así, permítame comentarle que yo también lo leí. Recuerdo que, en
el libro, dicha “Disco Infierno” —no sé si tenga alguna relación con la canción
“Disco Infierno” de los años 1980s— terminó sirviendo para el comercio sexual y
de drogas, en el cual se incubaba un ambiente delictivo. Sin embargo, puede
usted intentar conseguir su propósito: convertir la caverna en un café.
Julián se despidió de los dos vecinos, subió a su vehículo y
se dirigió a la Delegación para reportar a su jefe los asuntos tratados y los
compromisos contraídos. Cuando el Ing. Del Rosal se enteró a detalle del
planteamiento de los dos vecinos que querían instalas un café en la caverna,
esbozó una sonrisa y dijo:
—¡Cuántos caminos se genera el ser humano para tratar de
obtener beneficios personales sin respetar el interés de los demás!
Julián recordó, y platicó al Ing. Del Rosal, un asunto que
recientemente había tratado: Una asociación religiosa poseía dos terrenos
juntos en las Lomas de Chapultepec, Delegación Miguel Hidalgo, que habían
costado una millonada (uno era de reciente compra). La finalidad era fusionar
ambos terrenos y construir un edificio de 8 niveles. A Julián lo habían llamado
para consultarle lo referente a la licencia de construcción. Después de revisar
los documentos, Julián les informó que en las Lomas de Chapultepec no se
permitían fusiones; asimismo, que en el subsuelo de uno de los terrenos existía
una caverna, además de no permitirse en dicho predio la construcción de un
edificio de 8 niveles.
Los representantes de la asociación religiosa, sorprendidos,
pidieron una segunda opinión a un despacho jurídico ubicado en Bosques de las
Lomas. Un mes después, dicho despacho solamente corroboró lo informado por
Julián. Uno de los arquitectos en jefe de la asociación exclamó “¡¡¡Me lleva…
yo soy el responsable de haber revisado los documentos para aprobación de la
compra de los terrenos!!!”
Julián salió de las instalaciones de la asociación religiosa
pensando que, efectivamente, el responsable de haber revisado la documentación
para efectos de aprobación de compra del terreno, estaba metido en una bronquísima.
El Ing. Del Rosal agradeció a Julián su cooperación y ambos
salieron de las instalaciones de la Delegación Miguel Hidalgo con rumbo a un
restaurante, pues ya se había atrasado la hora de la comida.
Por la tarde se elaboraría el reporte correspondiente para informar al jefe Delegacional.