CRÓNICA ES (07) REGISTRAR LO ESPONTÁNEO PARA PODER COMPARTIRLO
CRÓNICA ES (07) REGISTRAR LO ESPONTÁNEO PARA PODER COMPARTIRLO
Por Martín Borboa
Gómez
En mis sesenta
años, nunca había visto camisetas gigantes colgadas en la calle de Isabel la
Católica, y admito que cuando voy por la avenida peatonal de Madero, no suelo
voltear la cabeza hacia arriba, pues estoy más bien atento a que se ponga el
alto para autos y sea verde para peatones y cruzar.
Este 9 de julio
de 2026, me sorprendió que fue un hermoso día para pasear en el centro
histórico, no llovió y hasta brilló el sol en un cielo azul muy bello. Pude
aprovechar el 2 por 1 en Potzolcalli y el 2 por 1 en Nutrisa. Un día de paseo, maravilla climática, provecho financiero, y gozo culinario.
El hecho es me
detuve en el cruce de Madero con Isabel la Católica, para esperar mi oportunidad
de cruzar, y mientras quise seguir admirando el azul del cielo, (en esa temporada
de lluvias que en la Ciudad de México empezó desde antes del mundial, y quien
sabe cuando vaya a terminar), y me quedé mirando fijamente hacia arriba.
Cuando los
peatones teníamos ya luz verde para cruzar, yo me quedé quieto mirando hacia arriba,
las camisetas que colgaban atravesando la calle, a un lado del Museo del Estanquillo.
Hubo quien se
fijó que yo no avancé, y miró en la misma dirección que yo, sacó su celular
como yo, y me acompañó en esa actitud fija.
No tardó en haber
una tercera, cuarta persona, mirando hacia el cielo, enfocando con su teléfono.
En breve, al menos éramos seis personas que no cruzaron, con el cuello hacia
arriba, y teléfono apuntando al espacio. Supongo que así pasará varias veces al día, en el andar de la avenida Madero, una persona las mira, y otras quieren saber que observa: ¿será un ovni? ¿algo raro en un edificio? etc.
En las camisetas
hay colores o barras en que se reconocen uniformes y sus países, otros no
tanto, pero el conjunto es claro, es temporada de fútbol mundial.
Lo registramos en la mente, la memoria, la emoción, la opinión, y luego, registrarlo con imágenes ayuda a contarlo después, de forma verbal o escrita, a otra personas.
Y pasado el tiempo,
hasta sirve para contárnoslo a nosotros mismos.
Y en décadas,
solo Dios sabe a quien llegará el material.
De conservarse
algo escrito al respecto, y una o más imágenes, la apuesta de ser comprendido
en cien o más años puede ser exitosa.
La fecha, el
suceso, podrán ser comprendidos, y el testigo, que fue guardián y redactor, será
difusor de una curiosa crónica personal de su autoría, dará su opinión: ¿le gustó o no le gustó?, ¿quiere una para cuando las descuelguen?, ¿desea hacer algo así para su calle en su colonia?, ¿siente que le faltó difusión a la exposición?, ¿aprecia la oportunidad espontánea de presenciarlo?, etc.
Es decir, habrá fungido
como cronista.
Así de simple.
Para registrar,
conservar, y luego explicar, difundir, lo inesperado, lo espontáneo, la crónica
hace un papel grandioso pues ayuda a que la experiencia de una persona, sea
conocida por docenas, cientos, miles, según el alcance de su difusión, en un
día, una semana, un año, un siglo. Y conocer las experiencias de las personas, colabora a formarnos una idea de ella y su época.
Es una de las
tantas cosas hermosas de la crónica, que aunque puede tratarse ser un acontecimiento sencillo,
curioso, nada trascendente para el destino de la humanidad, sin embargo, fue
trascendente para la caminata de una persona en un determinado día.
Y eso basta.
Un momento de una
persona, incluso sin profundidad.
Pero registrarlo,
organizarlo y compartirlo.
Nunca vi en
sesenta años camisetas gigantes ahí colgadas, y muy probablemente nunca vuelva
a verlas.
Eso lo hace
especial.
Que sean
camisetas del mundial, lo hace curioso, atractivo.
Que escriba acerca
de ellas, indicando la fecha, incluso con imprecisiones, (eran diez o quince
camisetas, no recuerdo), mostrando voluntad de registro (me detuve y les saqué
fotos) y de difusión (con este breve y sencillo artículo) es hacer crónica.
Y eso, lo hacemos
todos. Oral o escrita.
Cada vez que le
mostramos a alguien las fotos de un evento al que no pudo asistir, o a nuestras
vacaciones a las que no estuvo invitado, pues le estamos obsequiando la crónica
de aquello.
Estamos siendo
cronistas.
Y cada día, todos
lo somos por una u otra razón, con uno u otro tema.
Ah, y si de paso
agrego que había representaciones artísticas de ajolotes enroscados en los postes
de la avenida Madero, y de otras figuras más, pues ya doy más detalles de mi
experiencia, a través de mi crónica.
Así de fácil es hacer crónicas personales.