L A BICICLETA DE REYES
L A BICICLETA DE REYES
Por Marta Jiménez López
Saludos, quiero platicarles
que llegué con Marta un día de reyes cuando ella tenía 10 años, creo ya me esperaba,
sin embargo, cuando me vio, su cara fue de asombro y fascinación, ella quería
salir en ese momento a usarme y rodarme; pero era imposible ya que era de madrugada.
Bueno, Marta era una niña que siempre estaba contenta, tenía dos hermanos, Laly y Toño, con los que siempre jugaba; casi siempre ella decía como y que jugar, pues es la mayor. En la mañana Marta ya quería salir conmigo, pero hubiera sido imprudente.
En estas
calles de la colonia hay Bancos, empresas, la tintorería Coahuila, chocolates La Suiza, oficinas
de correo, la Secretaría de Hacienda y Crédito
Público, etc.,pero en la primera oportunidad salimos a la calle, esto sucedió hasta
la tarde que ya no transitaba tanta gente , era eso o esperar al domingo, afortunadamente
a la vuelta aún existe un espacio ancho de dos calle largas, es Bahía del
Espíritu Santo, en ninguna de sus banquetas hay casas, por lo que transita poca gente, paralela a esta
calle es Bahía de Pérula, en esta calle hay casas por lo tanto puertas ventanas
y personas, no era propicio, la otra
paralela de Bahía del Espíritu Santo, es la av. Marina Nacional, en bahía del
Espíritu Santo a lo largo solo había una puerta donde entraban los camiones
repartidores de la purificadora de agua Electropura, la otra parte de muro era
de la empacadora de conservas y salsa Búfalo y su portón estaba en Bahía de
Ballenas.
En la calle que
Marta y su familia vivían, en estas calles largas del lado de enfrente también
sin casas, era la Planta Verónica, ahora es el centro administrativo y la Torre
de Pemex, y junto La General Electric, donde
vendían línea blanca y la entrada estaba
del lado de la Av. Marina Nacional, entonces atrás también era muro, no había casas
en este lugar, de ningún lado y además la calle es ancha, perfecto para muestra
ciclopista.
¡Que bonitas
tardes!
En este espacio a
Marta se le pasaba el tiempo rápido, vuelta y vuelta, una tarde mi llanta se
atoró en la vía de acero pues íbamos en medio de las vías, y al querer salir mi
llanta se atoró en el riel y nos caímos, nos raspamos, Marta se sacudió y seguimos
jugando porque el permiso de andar afuera se terminaba.
Pero Marta aprendió
que las vías del tren se devén de cruzar, no ir junto a ellas ni en diagonal.
¡Inolvidables tardes!
En otras
ocasiones nos íbamos a mi Chapultepec como Marta dice, le gustaba mucho andar conmigo,
hasta que una vez se cayó; esta vez fue con unas niñas con las que jugaba que
iban abordar un avión, al subir las escaleras que eran de madera y apoyada en
el marco de una venta sin ganchos que estaba a una altura aproximada de dos metros,
el juego era llegar al marco de la ventana y quedarse ahí sentada, sube la otra
niña y se sienta encima, sube la tercera y se sienta también, cuando iba a
subir la cuarta…
Tal vez movió la
escalera porque se cayeron las tres que ya estaban sentadas y Marta que era la
de abajo tuvo fractura de dos vértebras y coxis.
No volvió a jugar
conmigo.
Afortunadamente
Marta pudo caminar y volver a jugar.
