LA NOCHE EN QUE LA MUERTE ENCONTRÓ SUS VERSOS: CRÓNICA DE UN VEREDICTO ENTRE EL PEDAL DE LA HISTORIA Y EL LATIDO DEL CHAT
La
Noche en que la Muerte Encontró sus Versos:
Crónica
de un veredicto entre el pedal de la historia y el latido del chat.
Por
María del Carmen Lechuga García[i]
¿Cómo se eligieron
las mejores calaveritas de la Colonia Clavería? Ni el chat digital ni la
distancia detuvieron a nuestro gran jurado. Les comparto la crónica del
certamen: tres noches de debate, mística e identidad financiada enteramente por
la solidaridad de los vecinos de Clavería y Popotla. ¡Gracias a todos los que pusieron
su granito de arena!
El certamen literario
de calaveritas no fue un concurso más; fue un acto de resistencia cultural,
autogestión y memoria viva. Organizado de manera totalmente independiente y
financiado en su totalidad gracias a la colaboración económica de los propios
vecinos de Clavería, este concurso representó una primera e histórica
experiencia destinada a sembrar la semilla de la escritura creativa y estrechar
los lazos de la identidad comunitaria. Lograr un veredicto impecable requirió tejer
un puente perfecto entre la academia, el barrio, la música, la antropología y
la irrelevancia juvenil. Pero, sobre todo, exigió recordar de dónde venimos.
Los Cómplices de la Memoria: Los Invitados de Honor
La columna vertebral
histórica de este encuentro se consolidó gracias a la presencia de dos figuras
entrañables, los cronistas de Azcapotzalco. El camino hacia el veredicto
definitivo comenzó a trazarse en la complicidad del territorio. Fue un
verdadero honor realizar, guiada por el cronista Marcelino Peña Fernández, dos
visitas fundamentales a la casa de la maestra Amalia Elorduy.
Marcelino es la
memoria en movimiento del norte de la ciudad. Su herramienta de trabajo es la
bicicleta: en ella pedalea y atraviesa calles, callejones, pueblos y barrios,
con el oído dispuesto a rescatar charlas de banqueta, fachadas antiguas y
recuerdos de los abuelos. Egresado del CCH Azcapotzalco, Cronista del pueblo
originario de San Martín Xochinahuac y Secretario de la Sociedad de Cronistas,
Marcelino pedalea la historia a ras de suelo para que nadie se quede sin
contarla.
Fue él quien tendió
el puente hacia la casa de la Mtra. Amalia Elorduy Elorduy. Nacida en el barrio
de San Lucas Atenco, Amalia es una mente brillante: políglota, formada en
Comercio, Contabilidad e Historia por la UNAM, y auxiliar del INAH desde 1993
para el rescate del patrimonio cultural chintololo a través del Instituto Pro
Artes y Humanidades de Azcapotzalco, A.C. Autora del libro El Imparcial en
Azcapotzalco (2022), la maestra Amalia dio el toque magistral al certamen al
desenterrar los orígenes de "La Grabancera" —aquella calavera
original de José Guadalupe Posada antes de ser rebautizada por Diego Rivera—.
Además de su cátedra histórica, Amalia proporcionó las ilustraciones que vistieron
el concurso, regalándole a los participantes un marco de profunda dignidad
estética.
Las Guardianas del Verso:
Un Jurado Quíntuple
Con la historia y el
arte visual firmemente asentados por los cronistas, la mesa de evaluación
desplegó una sinergia milimétrica a través de cinco juezas extraordinarias.
La primera columna la
sostuvo Rosalba Robles Tapia, escritora y gestora cultural, distinguida como
Promotora de la Paz por el Congreso de la Ciudad de México. Autora de éxitos
editoriales y líder de colectivos latinoamericanos, Rosalba aportó el rigor
metodológico y el ojo clínico de quien comprende a fondo la estructura
literaria del subgénero. A su lado, la rítmica tomó cuerpo con Ma. Elena
Beltrán Arroyo, pilar de la comunidad de Clavería y concertista del Conservatorio
Nacional de Música. Su oído absoluto y sus laureles en poesía en atril
vigilaron la métrica y la musicalidad, devolviéndole al verso popular su
esencia cantada.
El misticismo del
Templo Mayor quedó custodiado por la Mtra. Paola Angélica Sosa Salazar, asesora
educativa del INAH y fundadora del grupo de danza tradicional Ollin Ayacaxtli,
quien inyectó al debate la hondura antropológica del México prehispánico y sus
comunidades ecologistas. Por su parte, la Dra. María Eréndira Camacho Trujillo,
doctora por la Universidad de Barcelona y orgullosa vecina de Clavería, aportó
la mirada pedagógica. Como autora de textos didácticos de lectoescritura y
artes visuales para sellos como Macmillan, Eréndira desarmó las piezas para
evaluar la lúdica y la picardía escrita. Juntas, Angélica y Eréndira asumieron
la tarea clave de revisar minuciosamente los criterios de evaluación y apoyaron
firmemente en la revisión del orden de los textos para la deliberación.
El contrapeso
perfecto a la academia llegó con Mariana Pellat León, la voz del jurado joven.
Esta novelista de terror independiente de veintiséis años y vecina de Popotla,
autodefinida como anti-académica y formada en el Claustro de Sor Juana, rompió
los moldes desde la trinchera de la contracultura, garantizando que el certamen
premiara también el humor negro, el misterio y la audacia libre de las nuevas
generaciones.
La Trastienda del Veredicto: Entre el Chat y el Zaguán
Coordinar este
universo de saberes requirió una arquitectura invisible. La deliberación no ocurrió
en una fría sala de juntas, sino en la intimidad de los hogares de cada jueza,
conectadas por el hilo digital de un chat que no paró de vibrar. Mi labor como
secretaria y moderadora consistió en ser la brújula de esa marea de mensajes:
tejer los hilos del diálogo, contener los entusiasmos, sistematizar los votos y
asegurar que la agudeza de Paola, la irreverencia de Mariana, el rigor de
Rosalba y la estructura de Eréndira convivieran en absoluta armonía.
Sin embargo, el
preludio de esta jornada tuvo un rostro entrañable. Una noche antes de encender
las pantallas, la complicidad vecinal se hizo presente cuando Ma. Elena Beltrán
llegó personalmente a mi casa para revisar los detalles de primera mano. Ese
encuentro en el zaguán selló el compromiso del jurado y nos recordó que, aunque
la tecnología nos conecte, el corazón del concurso seguía perteneciendo a la
cercanía y al cuidado minucioso de las amigas de toda la vida.
El Silencio del Deber Cumplido
Cuando el último
mensaje con el fallo definitivo se envió al grupo y la última jueza tecleó su
conformidad, las pantallas finalmente se oscurecieron-
Fue un suspiro
profundo, de esos que devuelven el cuerpo a su estado natural tras sostener una
enorme responsabilidad que había provocados dos crisis hipertensivas. La
tensión acumulada por temor a que un matiz se perdiera en la virtualidad se
disolvió por completo. Al mirar el resultado final con los nombres de los
ganadores, el cansancio se transformó en un orgullo silencioso. El puente
tendido entre la historia ciclista de Marcelino, la sabiduría sobre la Garbancera
de la maestra Amalia, el arraigo de Clavería y la mirada joven de Popotla
estaba firmemente construido.
Apagar el teléfono
esa noche no fue un acto cotidiano; fue el cierre de un ritual comunitario que
demostró que el barrio no necesita de grandes presupuestos institucionales para
generar arte, sino de la voluntad de su propia gente. La certidumbre de haber
resguardado la palabra, de haber hecho honor al tiempo de estas extraordinarias
mujeres y de haber entregado un veredicto impecable a la colonia Clavería, se
convirtió en la mejor recompensa. La muerte, en estas calaveritas, ya tenía a
sus legítimos ganadores; la escritura local, un nuevo horizonte; y la crónica
de esa noche, su merecido descanso.
Gratitud y Comunidad: El Motor de las Calaveritas en
Clavería 2026
Una crónica sobre la
identidad comunitaria no estaría completa sin nombrar a quienes, con sus manos,
su tiempo y su generosidad, levantaron las vigas de este certamen “Rimas de
Clavería 2026”. Este certamen nació originalmente del impulso de tres vecinas
quienes, ante eventualidades actuales, decidieron no continuar, dejando en mis
manos la responsabilidad de retomar el proyecto. Continuo sin partida
presupuestal, sino del cobijo y la solidaridad vecinal que se manifestó en cada
rincón de Clavería.
El Sostén Colectivo
Extiendo mi más
profundo agradecimiento a cada una y cada uno de los vecinos que se sumaron a
la colecta aportando cincuenta, cien, doscientos, doscientos céntimos,
doscientos cincuenta o quinientos pesos. Más allá del valor numérico, cada
moneda entregada representó un voto de confianza y una muestra invaluable de
solidaridad. Gracias a este esfuerzo colectivo se pudieron cubrir todos los
insumos necesarios para dignificar la experiencia: desde la papelería, la
impresión de carteles y la colocación de lonas, hasta el agua, los refrigerios,
los materiales operativos, los premios simbólicos y los merecidos
reconocimientos. Para honrar esta confianza, próximamente presentaré un informe
puntual y transparente de la inversión a todos los involucrados.
Los Pilares Operativos
La logística y la
difusión cobraron vida gracias a personas de una voluntad inquebrantable. Conté
con el soporte clave de Jorge Guerra "Coco" y de Carmen Briones, mi
asistente; dos pilares que subieron y bajaron insumos, transportaron
materiales, pegaron carteles por las calles y se mantuvieron siempre al
pendiente de cualquier necesidad operativa. Asimismo, el cuidado hacia nuestro
presídium e invitados especiales estuvo a cargo de Karen Sánchez Silva y María
Silva Jiménez, quienes con enorme gusto y calidez prepararon los refrigerios
que endulzaron la jornada de trabajo.
La Red Solidaria del COPACO
En el terreno institucional
y vecinal, resalta con brillo propio la solidaridad de Carolina Soberanis,
quien asumió la impresión de los diplomas y estuvo presente desde la noche
anterior ofreciendo su ayuda. Su participación no pudo extenderse más debido a
que tuvo que asumir con gran responsabilidad la comisión del banco en la
kermés, cubriendo de último momento la dimisión de otra vecina. Carolina, junto
con Ana Isabel —quien se dedicó con entusiasmo a fotocopiar y pegar carteles
para asegurar la difusión del certamen—, fueron las únicas compañeras del
Comité de Participación Comunitaria (COPACO) de Clavería que creyeron y respaldaron
activamente el proyecto.
A todos ellos, cuyo
trabajo y generosidad hicieron posible que las letras locales tuvieran un
escenario digno, mi más sincera gratitud. Este primer certamen demostró que la
verdadera riqueza de Clavería reside en su tejido humano.
[i] Psicóloga, arqueóloga, educadora e historiadora. Egresada de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros y de la Escuela Normal Superior como profesora de primaria y de historia, posee una sólida trayectoria en el aula. Su pasión por el patrimonio cultural la llevó a obtener la Licenciatura en Arqueología y la Maestría en Historia por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), formación que complementó con la especialización técnica en Museografía por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM). Asimismo, es Licenciada en Psicología por la Universidad Latinoamericana, disciplina desde la cual ejerce formalmente.
Es a partir de esta amalgama
transdisciplinaria que adopta legítimamente el perfil de
"psicoarqueóloga" y así se firma: conceptos que sintetizan la unión
viva de la psicología, la pedagogía y la historia en favor de la transformación
social y comunitaria. Su preparación es una herramienta activa al servicio del
barrio, sustentada en el rigor, el trabajo constante y el orgullo de sus raíces
académicas.
