PANDEMIA

PANDEMIA

Virginia Hernández Vázquez

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“Se declara estado de emergencia nacional por el virus del SARS-CoV-2 en México”, resonó en todos los medios de comunicación. Ya había llegado tarde, pues desde el 31 de diciembre de 2019, al otro lado del mundo, China anuncia que en Wuhan, había brote de un virus, en enero del 2020 se declaró un nuevo coronavirus, el genoma 2019-nCoV, oficialmente SARS-CoV-2, causaba el Covid-19. Y hasta el 27 de febrero de 2020, se aceptó el primer caso de COVID-19 en México.

Este se propaga por el aire, los síntomas son fiebre, escalofríos, tos seca, falta de aire, cansancio extremo, dolores musculares, pérdida del olfato, gusto, afectaba otras enfermedades. 

Se extendió al mundo llegando a nuestro país por no tomar las medidas necesarias, y el 18 de marzo se registra la primera defunción en el país. 

El 23 de marzo inicia la Jornada Nacional de “Su Sana Distancia”, 1.5 metros entre personas, aún quedan marcas en pisos de algunos lugares. 

Su sana distancia
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Las medidas sanitarias eran indispensables, se declara cuarentena y el 13 de mayo inicia el “Regreso a la nueva normalidad”, en  octubre la OMS decreta una Alerta epidemiológica, mientras en México celebran Días de Muertos y fiestas de fin de año entre contagios y difuntos. 

Las peregrinaciones se prohibieron, se montaron operativos.

El virus se “confundía" con otras enfermedades o no querían dar el diagnóstico correcto. 

La COVID llegó para miles de forma asintomática, se creía que era una conspiración del gobierno, de aliens o no existía. 

Quienes se cuidaban fueron humillados y motivo de burla. Como buenos mexicanos los memes no pararon. 

Se agotaban productos básicos comestibles y suministros por compras de pánico y subieron excesivamente precios (cubrebocas 100 pesos hoy 2026, 3 pesos). 

Tuvieron que sacar restos de tumbas, los muertos ya no cabían, luego se ordenó cremación, la gente tenía miedo por el  humo que no paraba de salir. Era terrible que no volvían a ver a sus seres queridos luego de ser ingresados a hospitales ni hacer funerales, familias se ponían de acuerdo “si enfermaban no irían al hospital”. 

La gente enfermaba en sus casas sin haber salido. El agotamiento era extremo en personal de salud y limpieza, llevaban marcas en las caras, tenían que comprar los suministros, muchos se contagiaron y murieron. La economía afectada por los empleos perdidos, negocios en quiebra.

Por fin la esperanza llegó con la Jornada Nacional de Vacunación, el primer lote de vacunas fueron de Pfizer-BioNTech. Se inicia inmunizando al personal médico de primera línea, quedando fuera quien no era del gobierno. Luego tercera edad. 

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Llegaban multitudes de personas para vacunarse, en Azcapotzalco, la Arena CDMX y la UAM, unos agradeciendo con sus brazos extendidas al cielo, o entre lágrimas porque sus seres queridos no alcanzaron a llegar, otros obligados por su trabajo o por requerimientos. 

AstraZeneca, Sputnik V, Sinovac, Cansino, Moderna, Johnson & Johnson, Covaxin y Abdala fueron otras vacunas. 

Hubo  reacciones, se cree fueron a propósito, ésto no fue aceptado por el gobierno pero ha sido investigado. 

En la cuarentena se cerraron fuentes de empleos, lugares de recreación, religión, cultura, deporte, muchos no volvieron abrir. 

“Son las 19:00 horas de hoy…vamos a iniciar la conferencia de prensa…”. Esto oímos diario durante meses, Hugo  López -Gatell, Subsecretario de prevención y promoción de la Salud, daba un informe sobre la situación epidemiológica, aterraba la cifra de casos confirmados y fallecidos. 

Habían quioscos donde realizaban pruebas rápidas o PCR gratuitas, eran carismas si las comprabas. En todo lugar a donde entrabas te tomaban la temperatura, siempre salía alta, había quien pensaba que nos atrofiaban el cerebro así que no sé dejaban, te bañaban de sanitizante. 

Helicópteros y personas vigilaban. Había Código de barras en lugares y trasportes para avisarte si alguien se había contagiado, aun te hacen cuestionarios, para saber si podrías estar contagiado. Surgieron servicios a domicilio por aplicaciones de internet y teléfono, el trabajo y clases eran por línea.

El 20 de marzo, Estados Unidos cierra la frontera. El personal de salud no se daba  a basto. Se encontraron víctimas en las calles, las personas que necesitaban atención médica por otras causas fueron hechas a un lado lo que provocó muertes, se dice que muchas muertes de covid se firmaron con otras enfermedades para que no se supiera que la pandemia estaba fuera de control. 

Aún así, no faltaba quien hacia fiestas y reuniones o no usaba cubre bocas. México tuvo mas de 334.000 mil muertes y más de siete millones de contagios, la verdad, dicen, fue el doble. 

Se declaró el fin tres años después, pero hoy en 2026 aún hay contagios.

 El COVID dejó secuelas en la salud física, en lo emocional y social. En esta pandemia mis acompañantes fueron los Lentes especiales, cubrebocas, gel y spray antibacterial, que siguen en mi bolsa. 

Era indispensable bañarte de sanitizante, cambiarse de ropa, lavar manos, dinero y las cosas que traías. Otro acompañante fue el miedo del contagio cada que salía y de trasmitirlo a mi mamá, cada salida era una prueba, un desafío. 

Me aterraba las noticias en los medios que se oían donde quiera.

Hubo héroes anónimos que apoyaban con víveres y artículos  a conocidos, desconocidos. choferes que daban servicios gratuitos, hoteleros que prestaban sus habitaciones, gente que llevaba un poco de distracción, apoyó, esperanza, sacerdotes que realizaron misas y confesiones. Pudimos tomar clases, cursos, talleres, conferencias, oír misas por Internet y TV.  

La vacuna se quedó, nuestra normalidad cambió, con el encierro, matrimonios se salvaron, hubo bebés pandemia, odiamos o amamos  a con quien vivimos pues los conocimos más, el distanciamiento físico es aún inevitable. 

Hay quienes aprendimos a valorar los detalles de cada día, de la obra de Dios, de nuestros logros, de nuestros seres queridos, hay otros que no.

¿Cómo imaginar que no podríamos dar ni un abrazo o un beso, un saludo de mano, comulgar, hablar y reír con libertad?. 

Los animales y la naturaleza tomaron lo suyo, recordándonos que nosotros somos el virus del planeta.

 

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