RAÍZ ETECA
RAÍZ ETECA
Por
Virginia Hernández Vázquez
Mi novio me
dice campechana, no me lo dice por ser de Campeche ni por ser como ese pancito
que truena tan rico, más bien es porque tengo en mi sangre, tradiciones y
raíces hidalguense y oaxaqueñas, de la región del Valle de Etla, mi familia
materna es de este lugar, me gustaba ir desde pequeña en tren, hacíamos una eternidad,
pero era inolvidable ver los paisajes, los ríos y lo que más me gustaba es que
en cada estación subía gente a venderte productos que ellos mismos cocinaban:
tamales, atole, pan, dulces y lo que cosechaban.
Cuando llegábamos, mi tía Lupe nos esperaba.
Visitábamos
la casa de mis abuelos, Manuela y Nacho, los conocí por medio de los relatos de
mi mami, del tío Beto y primos que convivieron con ellos.
Tener esta
raíz es llenarte de colores, sabores, olores, tradiciones, música, de luces del
fuego, de pirotecnia, es saludar a amistades y familia que a veces ni conoces.
Es ver la Luna iluminar la oscuridad, ver el sol salir del
Cerro de a lado, es hacer procesiones en las “auroras”, celebrar al santo
patrón, ayudar a cocinar el mole negro que está haciendo mi familia, levantarte
temprano porque hay que ayudar a preparar todo para la fiesta, ya sea de Julio
del santo patrón, algún evento especial o Posadas, en rosarios y funerales.
Es meterte
a la cocina y ayudar.
Me
enseñaron a repartir la comida de forma rápida en charolas, un plato tras otro
a más de 100 personas, es bailar con la banda de música; las chilenas, sones,
jarabes y de todo.
Es vestirte
con esos bellos trajes regionales y cargar canastas de flores, marmotas,
faroles y monos en los convites. Es desvelarte en los recorridos de las
Calendas para cantar y bailar junto a las
marmota y la banda. Es tomar una copa de mezcal, curado y comer memelitas
con manteca de asiento y quesito de aro, pero para ello antes tuvimos que ir
por la masa y el quesito.
Es tomar
atole de granillo, chocolate, champurrado, ir a la tortillería por tortillas
hechas a mano, es hacer el chocolate y sacarle espuma, si no puedes, no te
puedes casar, por eso sigo soltera.
Comer lo
que mis primas cocinan: chiles de agua, tlayudas, frijoles con poleo, guías,
mole amarillo, verde de espinazo, tasajo.
Es saborear
fuera de la Basílica de la Soledad, luego de haberla ido a saludar a la Patrona
de Oaxaca, unas nieves de mil sabores como leche quemada, tunilla, beso
oaxaqueño, y sorbete, también comer dulces tradicionales: mamón, casquito,
nenguanitos. Ir a comprar y asombrarte en el mercado de Etla, de los pocos que
quedan de trueque o a los del centro de Oaxaca o a la central de abastos, ahí
comemos unas empanadas o tamales de amarillo lo que aquí llamaríamos quesadillas, o tu taza
de chocolate y un panzote de yema, y comprar todo lo que puedas: chocolate,
mezcal, alebriges, rebozos, filigrana, crema de mezcal, barro negro, café,
café, artesanías, repujado, trajes.
A veces
solo queda mirar, pues lo que traes en el bolsillo no alcanza. Es pelear a
muerte por la fruta, pan, chocolate, dulces, accesorios, trastes que la gente regala
y avienta de sus canastas, bailando entre los sones.
Es visitar las zonas con la historia de nuestros antepasados, por eso y más, amo a mi raíz, la que me hizo conocer y me lo heredó, mi china Oaxaqueña, Eteca, mi mami, mi artesanía oaxaqueña.

